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2021 - N° 246

 

y exhaustos por

 

naval colombiana

 

 

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Director: Dr. Jorge Serpa Erazo • Editor: TFES(ra) Dr. Francisco Rodríguez Aguilera

 

 

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DR. JORGE SERPA ERAZO

JOSÉ RAMÓN CALDERÓN Z.

DR. FRANCISCO RODRÍGUEZ A.

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Director

Corresponsal Cartagena

Editor / Corresponsal Europa

LA MEMORIA HISTÓRICA, EL CONFLICTO EN COLOMBIA Y LAS PRÓXIMAS ELECCIONES

Por Vicealmirante (RA) Luis Fernando Yance V.,

Ex comandante de infantería de Marina, Armada Nacional

El Centro Nacional de Memoria Histórica, tiene como objeto la recepción, recuperación, conservación , compilación y análisis de todo el material documental, testimonios orales y los que se obtengan por cualquier otro medio, relativo a las violaciones ocurridas con ocasión del conflicto armado interno colombiano, a través de la realización de investigaciones, actividades museísticas, pedagógicas, entre otras, que contribuyan a establecer y esclarecer las causas de tales fenómenos, conocer la verdad y contribuir a evitar su repetición en el futuro. (Tomado del Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia- Contexto- septiembre-2021).

La memoria histórica se realiza en varios países de tiempo atrás. Observamos como el holocausto nazi en la ejecución de judíos en campos de exterminio durante la Segunda Guerra Mundial, estremeció al mundo por su crueldad y motivaciones para ocasionar ese exterminio en forma inmisericorde, destruyendo a una sociedad con el beneplácito de la dirigencia alemana y con la anuencia y órdenes expresas del Fhurer Adolfo Hitler con una obsesión permanente, en especial con el campo de exterminio de Auschwitz. Por ejemplo, en Francia durante esta guerra fueron deportados 75.000 judíos y solamente volvieron 2.500, no se sabe qué pasó con los demás. Estos lugares de exterminio hoy están a la vista de turistas para que observen como se destruyó una sociedad y para que no vuelva a ocurrir.

La memoria histórica sirve entre otras cosas, para reconstruir los lugares, identificar las personas causantes de estos crímenes de guerra, para proteger especialmente a la sociedad civil y para que a las juventudes indefensas no se le cercenen sus proyectos de vida. Hoy en día los derechos de los niños están contenidos en un tratado firmado el 20 de noviembre de 1989, por todos los países del orbe, llamado “La Convención sobre los Derechos del Niño”.

La memoria histórica nos ha dejado muchas enseñanzas y también reflexiones sobre los derechos y deberes. Las leyes de la guerra, o el derecho internacional humanitario (DIH), que son un conjunto de normas internacionales que establecen lo que se puede y lo que no se puede hacer durante un conflicto

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armado, tienen como principal objetivo, preservar un poco de humanidad durante los conflictos para así poder salvar vidas y aliviar el sufrimiento de quienes están en medio del conflicto.

Los organismos internacionales juegan un papel importante para evitar desmanes, violaciones y defender a la sociedad civil, en especial de aquellos que, por ganar, hacen caso omiso de estas reglas, llevando dolor y sufrimiento a miles de personas, reclutando a niños inocentes forzándolos a estar en filas en una guerra que no es de ellos.

Ahora bien, en los “procesos de paz” no se pueden ignorar estos horrores de la guerra; deben identificarse y castigarse por el sufrimiento causado a las víctimas y a la sociedad. En Colombia el conflicto ha sido cruel y despiadado, provocando muertes, genocidios, secuestros, desplazamientos forzados.

Un proceso de paz se implementa precisamente para acabar el conflicto, y al mismo tiempo buscar la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas que han sufrido las violaciones a sus derechos fundamentales y para que los responsables de estos crímenes dejen las armas y respondan por los desmanes cometidos. Un proceso de paz no es un perdón total y sin justicia. A eso debe apuntarle la memoria histórica, para señalar cómo fue ese proceso y qué ruta siguió para que no vuelva a ocurrir.

Los procesos de paz deberán tratarse con filigrana, ser el modelo por seguir para que todos en la sociedad concuerden que la paz llegó para quedarse y no ser un remedo de paz elaborado para conseguir otros propósitos distintos, como sucedió en Colombia, haciendo caso omiso a las reglas en su construcción o lo que es peor, engañando a la sociedad colombiana por lograr un Nobel. La memoria histórica será implacable con estos desatinos de faltas a la verdad.

La memoria histórica sirve para trabajar con los recuerdos, es una tarea ardua de recoger testimonios orales, cargados de subjetividad, pero con una premisa muy importante: identificar a los determinadores, sus formas, el legado dejado, la destrucción de ideales y constituye en pieza fundamental para que estos actores no vuelvan a ese camino y la misma sociedad los señale para que no vuelvan a realizar esas acciones. La democracia permite echar la vista hacia atrás, para recordar un conflicto que muchos jóvenes de hoy no conocieron. Escuchar todas las versiones y todos los recuerdos es un síntoma de que la democracia ha alcanzado un grado de compromiso con la misma sociedad, sin discursos hegemónicos ni silencios forzados y menos para esconder la verdad, esa es la tarea urgente del Centro Nacional de Memoria Histórica. Recordar es un derecho y, para muchos un deber, hay que saber perdonar, pero no significa premiar, que se confunde cuando se reviven, crímenes atroces en especial con las víctimas y sus familiares.

En Colombia los victimarios se confunden y piensan que las segundas y terceras generaciones no tienen la capacidad y la oportunidad de conocer la verdad. Estos jóvenes deben conocerla para redactar un nuevo discurso sobre el pasado con la distancia emocional y las herramientas democráticas de las que disponemos y para que en el futuro se conozca una historia llena de matices de crueldad para que no vuelva a ocurrir.

Cumplimos 5 años del Acuerdo de Paz y, la memoria histórica aporta una dimensión fundamental en la transición a la paz: la del conocimiento y el reconocimiento por parte del Estado y de la sociedad de los hechos de violencia ocurridos. La historia hace parte de esa educación para la construcción de la memoria histórica, partiendo de la base de la convivencia y la reconciliación como un reto imprescindible que enfrenta la sociedad y el Estado para saber pasar la página y, requiere de transformaciones para superar la visión de amigo o enemigo o la sed de venganza de intentar hacer justicia y una gran dosis de educación para construir una paz estable y duradera.

Emilio Archila Alto consejero presidencial para la Estabilización y Consolidación, manifestaba en el noticiero CARACOL TV el 24 de noviembre en el marco de haber cumplido 5 años el proceso de paz con las FARC y, señalaba que este acuerdo ha sido uno de los más robustos en el contexto mundial porque nos hemos dado cuenta que la paz es necesaria y, este gobierno ha entendido que se deben hacer esfuerzos para que la sociedad no siga sufriendo los rigores de la guerra y debe encausarse como una necesidad y no como un trampolín político o de ganar nominaciones para obtener reconocimientos personales.

CONCLUSIONES

La memoria histórica servirá para recordar que hubo víctimas, victimarios responsables de masacres y crímenes de lesa humanidad y, que todos estos elementos por salvar vidas, humanizar la guerra, proteger a la sociedad civil, a los niños y niñas, evitar sus violaciones, destierros no serán olvidadas y, todos estos organismos humanitarios llegarán a un mismo centro de gravedad para evitar que este conflicto no vuelvan a ocurrir y estén a la vista para que las nuevas generaciones concurran a las urnas conociendo la verdad y puedan elegir sin engaños y falsos profetas aquellos que decidirán el futuro de la nación. Algunos políticos que en el pasado se alzaron en armas, siguen en la misma práctica de incendiar a el país, pero les llegó el tiempo de decirles no más, Colombia necesita la paz, requiere recordar la historia, su memoria para que nuestra sociedad busque la armonía y el mejor devenir de una nación en paz, para fortalecer los valores y virtudes entre los colombianos.

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El sufrimiento de Colombia ha sido muy grande y de los muchos héroes que la han defendido, algunos están en el olvido, observando tras las rejas de la cárcel, el desatino de una justicia que no logró la verdad verdadera. La injusticia tiene sus límites y la memoria histórica estará presente para develarlos.

“Sin justicia, solo hay divisiones, víctimas y opresores”. Napoleón Bonaparte.

4.1.EL INTERMINABLE MAR DEL SUR Y ARRIBO A FILIPINAS

Por: CN Mario RUBIANOGROOT ROMAN (“Papayo el Velachero”)

Y así, tras el último cabo, tan <deseado> que este fue el nombre que le dieron, “…dejó de escoltarlos la tierra por babor y por estribor, y quedó el mundo a su popa para siempre y por fin el horizonte se ensanchó de un lado a otro ante los ojos de esas tripulaciones: un mar azul, como son todos los mares cuando están tranquilos, tan amplio y salado que nunca podría nadie confundirlo por lago alguno, inabarcable en su promesa, excitante en su llamada”. (R. Marín).

La travesía del Pacífico se inicia buscando ganar latitudes más cálidas, poniendo rumbo noroeste (NW), nordeste (NE) y norte (N). Se acercan mucho a la costa a la altura de la futura ciudad de Concepción, Chile, aunque sin parar continúan viaje por fin al noroeste para atravesar el Océano. No parar a avituallarse aquí fue, a la postre, un gran error. Por fortuna, la climatología les resulta muy propicia, con vientos constantes a favor y sin ninguna borrasca, lo que les permite avanzar diariamente del orden de 70 leguas.

Esas tres naos llevan ciento setenta y siete europeos. Ahora el Nuevo Mundo descubierto por Colón es una línea alargada a estribor. Lo que hay allí es un enigma y así se quedará. Explicarlo será cosa de otros.

Reordenando la situación de quienes comandaban las tres naos, que inician navegación hacia las islas de las Especies, queda así: Capitán General y al mando de la “Trinidad”: Fernando de Magallanes; comandante de la “Concepción” Juan Serrano y comandante de la “Victoria”, Duarte Barbosa. Flotaron pues, empujados por las brisas, como si de pronto el mar del Sur fuera un estanque enorme donde las aguas eran plácidas y la vida dulce. Costa arriba, al septentrión, viendo la otra cara del continente. El 18 de diciembre, cuando Francisco Albo mide 32º de latitud sur, Magallanes ordenó virar al poniente y alejarse rumbo a las islas Molucas, que no tenían la menor idea de distancias, en ese instante. Se les volvió tan placentero el viaje, “…a salvo de las tormentas y las aguas grises, que en medio de aquella paz que

era el mar nuevo, lo bautizó don Fernando como océano Pacifico” (Pigafetta).

La belleza de los días se multiplicaba con la hermosura de las noches. El firmamento estaba despejado y sobre el mar en calma brillaban complacientes, como no las había visto nadie, un puñado de estrellas, concentradas como una nube de leche sobre un tapiz de terciopelo azul oscuro. Entre las estrellas desconocidas a las que se habían ido habituando desde que cruzaron la línea del ecuador, “….. ahora brillaban luceros como

joyas engarzadas, un racimo de resplandores, un vértigo de distancias, un mar que no era mar, pero se sabía eternamente infinito, infinitamente eterno” (Marín). Un mar que vigilaba desde las alturas una cruz de cinco luces dibujada en el cielo (la Cruz del Sur), esa constelación sería un día la “guía de los marinos del austro” (P. Cerdá).

Cada día avanzan 60 o 70 leguas. Y mientras ellos caminan, el horizonte retrocede. El hambre azota y pasan las horas ensimismados, apáticos, medio despiertos, medio dormidos. Cada mañana se renueva en la tripulación de la armada la esperanza de ver tierra ese día; y cada noche trae la ilusión de verla al día siguiente. La esperanza —como en el brindis del bohemio— es lo que los mantiene vivos después de casi dos meses de navegación sin que sus ojos vean más que mar y firmamento. Varios marinos se enferman de escorbuto constantemente y mueren; cuerpos que son lanzados al mar.

Todavía es 25 de enero cuando Tomas Natin grita:

—¡Tierra por fin!

Divisan una isla pequeña y deshabitada que la bautizan San Pablo para recordar el día de la conversión del apóstol. No se ve agua dulce, ni aves, ni animales y además no se puede fondear pues el escandallo que mide la profundidad no alcanza a tocar el fondo en ninguna parte.

Una semana después dan con otra isla desolada. Una luz de nueva esperanza. Pero tampoco en ella se ve agua dulce, ni frutos comestibles, ni lugar para fondear. La bautizan Desventurada y desisten de bajar a tierra. Pero en el mar que la circunda hay muchos peces. Lanzan todas las redes al agua y sacan

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doradas, albacoras y bonitos. Es una fiesta, comen, dan gracias a Dios por ese regalo y continúan esa navegación que parece no tiene fin.

El 4 de febrero divisan otra isla desierta. Tampoco allí encuentran un lugar para fondear. Pero si ven muchos tiburones y así la bautizan y a la larga siguen navegando con vientos alisios en aletas y popa.

El 12 de febrero cruzan la línea equinoccial por segunda vez, mientras el escorbuto sigue ganando víctimas. Ahora casi todos conocen los síntomas. A algunos afecta más que a otros (a modo del Covid), como en una lotería. Diez hombres han encontrado su tumba en el océano Pacifico y otros treinta están enfermos.

Son la últimas mañanas de febrero. La travesía por el océano Pacifico ya lleva cien días. En la cubierta el sol consuela, castiga, tortura. Un cardumen de peces pasa muy cerca de las naos. ¡Un regalo! Los marinos sanos lanzan redes. La pesca de todas las naos alcanza para comer varios días.

—¡Tierra a la vista! — grita el Velachero desde la cofa del palo trinquete de la Trinidad. Es el día 6 de marzo de 1521. Han pasado ciento diez días desde que entraron a los Mares del Sur. Nadie le cree porque no se ve tierra por ninguna parte. Lo ignoran. Al mediodía Albo mide la latitud: 12º norte.

El vigía vuelve a gritar …. —¡Tierra, tierra! Pero no la ven. Magallanes promete

regalarle cien ducados si es cierto y sube el mismo al carajo o cofa de la mayor. Entonces no le cabe duda…

—¡Tierra, bendita tierra! — grita.

Los lombarderos disparan salvas. Punzorol iza el pendón de Castilla. El cura Valderrama reza la bendición que tenía preparada para ese momento: “Bienaventurados aquellos que no pierden su curso en la amplitud del océano. Bienaventurados aquellos cuyo barco no se hunde y con alegría llegan a puerto” (P. Cerdá).

Canta el Láudate Domine y todos lo secundan. El vigía Pedro Navarro recibe de Magallanes los cien ducados prometidos.

Delante suyo se dibujaban cada vez con mayor nitidez tres islas cubiertas de bosques con playas de arenas muy blancas. El mar calmo se va haciendo transparente conforme va perdiendo profundidad. De azul profundo pasa a celeste-turquesa. Los nativos de la isla se acercan en sus barcas con sorprendente rapidez. En cosa de minutos se ven rodeados de embarcaciones pintadas de rojo con una vela triangular hecha de un tejido tosco de hojas.

—Parecen velas latinas— comenta Pigafetta. Las barcas tienen timón en proa y en popa en forma de pala.

Los intrusos suben a la nao, pues Magallanes lo permitió. Empiezan a robar que un hacha, que una caja de clavos, que una madeja, hasta que Punzorol grita:

—¡Son ladrones! Al agua con ellos. Atacan a los europeos y se lanzan al agua cuando escuchan la explosión de una lombarda. Más adelante, unos isleños se apropiaron de una pequeña embarcación perteneciente a la flota de Magallanes. Éste se acercó a tierra para recuperar su bote, pero presenciando como aquellos isleños le arrojaban lanzas, se vio obligado a ejecutar a siete de aquellos nativos e incendiar sus viviendas. Finalmente, los chamorros, les proporcionaron comida como canastos llenos de unos frutos redondos y duros color marrón que nunca antes habían visto (cocos) y otra fruta verdeamarilla que es más fácil de comer (bananas) y abundante agua, a cambio de hierro.

—La bautizaremos isla de los Ladrones— propone Magallanes. (actual archipiélago de las islas Marianas). Levan anclas el 9 de marzo rumbo al oeste. Al verlos partir, los nativos se acercan en sus barcas a toda velocidad y les disparan flechas envenenadas que no los alcanzan. Las naos hacen un giro inesperado y pasan muy cerca de ellos volteando sus barcas.

El 16 de marzo anclan frente a una isla que se ve desierta. La vegetación de fondo es tropical, con árboles frondosos en muchos tonos de verde. Magallanes presiona a San Martin, para que mida la longitud. Le urge saber si todavía está en la demarcación castellana. El cosmógrafo observa la posición de los planetas conocidos por él: Saturno, Marte, Mercurio y Venus y compara sus mediciones con las tablas que le pasó Faleiro. Llega al grado 189 al oeste de la línea de Demarcación. Magallanes no le quiere creer. Eso significaría que están en tierras portuguesas. No, imposible, piensa. Estas islas corresponden a Castilla, lo mismo que las Molucas.

Envía al otro día a un grupo de hombres sanos a explorar el interior de la isla, el cual regresa antes de que se ponga el sol con dos toneles llenos de agua, muchos higos largos y otras frutas. San Martin propone bautizarla Isla Encantada. El Capitán prefiere llamarla “Aguada de las Buenas Señales”. Como es el quinto domingo de cuaresma, día de la resurrección de San Lázaro, da ese nombre a todo el archipiélago. Pide a Pigafetta que dibuje un

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mapa de las islas. (21 años después el explorador Ruy López de Villalobos, rebautizó el archipiélago como Filipinas en homenaje a Felipe II).

La soledad de los europeos en la “Aguada de las Buenas Señales” dura poco. Una semana después de su desembarco ven acercarse cinco barcas; los nativos hacen ademanes que vienen en son de paz. El que parece ser el líder, tiene los dientes rojos. Magallanes lo saluda dándole su mano, gesto que el nativo no entiende. Sonríe y le da una nuez de regalo. Le indica que es para masticarla. (“Nuez de Betel”, que crece en un árbol llamado areca y se consume como goma de

mascar con efectos estimulantes…. y alucinantes).

Pigafetta trata de comunicarse con unos de los aborígenes y entiende que la isla se llama Homonhon (isla de Samar en Filipinas). A sus embarcaciones les dicen balangay. Estudia con interés los frutos que los nativos bajan de sus barcas y abren con ayuda de piedras en medio de gran entusiasmo. Son los mismos (cocos) que han visto y desechado de la isla de los Ladrones.

Duarte Barbosa sugiere que la grasa que obtienen al cocer la pulpa del coco con su agua puede servir para calafatear las naos. Pigafetta se suma a un grupo de marinos que se aboca a cosecharlos. Está encantado con ese fruto y anota en su diario: “Una familia de diez personas puede vivir con el fruto de sus cocoteros cien años”.

Continuará en la próxima Cyber-Corredera….

RELATOS DE VIAJES POR COLOMBIA

Por: David Escobar Gómez, NA 42-044

Ya afianzada en Europa o aceptada la idea que ya no dependíamos de España, que éramos una nación soberana, se interesaron en saber cómo tomábamos los alimentados y su respectivo entorno, en todos los sentidos. Y por ese motivo hubo muchas crónicas de viajes, en la década del veinte del siglo XIX, en las que relataban esos viajeros europeos lo que más les llamaba la atención. A falta máquinas de retratar y lo que se les vino después solo les quedaba la opción de escribir. Por supuesto hubo de todo: pésimos relatos pero también unos muy interesantes como para recordar o mostrar a los lectores de la Cyber-Corredera.

Carl August Gosselman, fue un oficial de la Armada Sueca y uno de esos visitantes que le mostró a sus conciudadanos, más que todo: conductas. Su libro: Colombia 1825-1826, fue traducido al español, y el Banco de la Republica de Colombia facilitó su difusión al ponerlo en sus estantes de ventas por allá en el a segunda mitad del siglo XX. Yo tuve la oportunidad de tener un ejemplar en mis manos y, ahora que estuve por Antioquia, de turista, en situaciones muy distintas, con gusto le hago llegar mis consideraciones para el deleite de ustedes. Empecemos pues.

Nos dice Gosselman que, en Santa Marta, le abrieron sus maletas, pero con tal fineza, que no supo de la habilidad de los indígenas, sin embargo, al no haber signos de violencia, sí le faltaban algunas pertenencias. Lo que no ocurrió en Antioquia, cuando un campesino le dijo, al regresar de su recorrido:

-Mister, esta navaja debe ser suya. – Le mostró una hermosa navaja escandinava que traía envuelta en un pañuelo que sacó de su carriel y agregó- porque por aquí nadie tiene una cosa destas y busté ha sido el único que ha estado por acá últimamente.

Sí señor, era su navaja que había perdido a la subida hacia Medellín. No obstante su valor, lo que le impresionó fue la honradez del mestizo. Fácilmente hubiera podido quedársela. Se la regaló.

Sin embargo, el episodio que le tocó disertar o relatar, fue el de la subida a la ahora ciudad industrial.

A falta de carreteras, de cables aéreos, el ascenso al Valle de Aburrá se hacía a lomo de indio, en taburetes. O la sillataxi. Visto ese transporte humano normal para nosotros, al sueco le pareció lo más horrendo del mundo para la dignidad de los seres humanos.

-¡ No señores! Ni crean que yo, todo un oficial

de la marina sueca, todo un varón y alto concepto de la dignidad humana, acepte que un congénere me cargue. ¡Ni por el putas!

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-¿Entonces no va subir pues mi don?

-Por mis propios medios…¡sí! Dejarme cargar es una bajeza. Si para eso tengo mis piernas que la naturaleza me ha dado.

-Vea Míster, esa subida es tan brava como empinada, súbase con el indio Emilio que le tocó a usted. Es un camino por entre piedras y busté no le conoce maña.

-¡Ya se los puse de presente! Soy incapaz de dejarme cargar, como si yo fuera un inútil. ¡No señores! Que maricón no soy, tampoco lisiado.

-Mister, mister, déjese de huevonadas…acomódese con Emilio.

-No, y ya salgo adelante, por mis propios medios.

-No liace. de todas maneras Emilio viene, - dijo el jefe de los silleteros y agregó en voz baja- este remejo se cansa pronto. ¡Fuimonos!

Y así, Gosselman emprendió camino arriba por el estrecho sendero de piedras muy empinado porque no quiso que lo llevaran a espalda de Emilio. Y ya había visto a otro silletero que iba adelante que subió rápidamente y se le perdió de vista. Mientras él, trastabillando con sus botas – bien lustradas- no avanzaba es nada, lo que se dice nada. Miró hacia atrás, y se encontró con la mirada expectante de los otros silleteros quienes, parados, parecían decirle: Por estar hueviando estamos sufriendo más. Entonces, trató de ir más rápido. ¡Pero qué va! Su velocidad de crucero era de tres tropezones por cada piedra mal puesta de camino, no de herradura, porque las bestias tampoco era que les rindiera como los diestros silleteros humanos.

Humano al fin y al cabo, el mister reflexionó al ver que más daño hacia él con su lentitud y de mala gana aceptó embarcarse en la espalda de Emilio, y ahí sí, vio como subían con…¡una agilidad! Un dinamismo, que parecía no tener nadie en sus espaldas. Hasta que llegaron a la primera fonda del camino que bordeaba el rio Nus, en el corazón de las montañas antioqueñas. Tan pronto se puso en tierra Carl August, vio que Emilio se fue directo a un horcón travesaño de la choza, de la parte de afuera, de donde tomó un paquete del cual sacó una arepa con algo dentro. A lo que el extranjero le dijo que porqué lo tomaba. Si había otros iguales.

-Mister, yo lo dejé ayer que bajaba – y agregó- por acá se respeta…este es el mío.

Ya se pueden imaginar la sorpresa del oficial sueco al ver tal nivel de honestidad y respeto por las cosas ajenas, que ni en la misma Suecia, de ese entonces.

En Medellín, se alegró saludar a sus paisanos de apellido De Greif, y otros, que no recuerdo.

Llega a Bogotá, y de las cosas que más le llamó la atención, fue el desfile de oficiales del Ejército Libertador paseando por la carrera Séptima: cada uno con un uniforme distinto. Al no tener uno oficial. Parecía un desfile de guacamayas. Cada venezolano- que eran la mayoría, se daba la libertad de diseñar su chaqueta con los colores más llamativos posibles. Igual sus gorras, pantalones, altura de las botas. Charreteras o fornituras. Y lo que no les podía faltar: el sable. El que les servía para atravesar a los parroquianos, en las chicherías, que se burlaban.

Todo lo anterior, estimados lectores, para decirles que estuve de turismo por parte del Departamento de Antioquia, para que sepan. En compañía de mi esposa Josefina.

Un paseo inolvidable e irrepetible, dada la edad de los viajantes.

Les recomiendo el municipio de Jardín, para los que no lo conocen. Bello o encantador, y desde luego muy visitado por nacionales y extranjeros. No se queda muy relegado Jericó, Anzá, Támesis. Formas de vida apacible, de gente trabajadora, y para completar, aprovechando la bonanza cafetera. Se están mamando dos millones trescientos mil pesos por carga de café. Sin embargo, el paisaje del valle del Cauca es para quedar extasiado por más de treinta minutos desde los miradores que los hay por varias partes. Ver los Farallones de La Pintada, y los pueblos incrustados en la cordillera…en realidad que es un deleite.

No se me permite dejar en el caldero los sabrosos chicharrones, los frisoles, y los chorizos de res, cerdo, o búfalo. La ricura incorporada a la felicidad gastronómica, ¡pero que vá! ahora viene lo triste:

Me tocó interrumpir la ingesta típica, de manera súbita. Sea, parar de comer a lo bien sabroso: porque se me alborotó la bilirrubina.

A mí sí me extrañó, cuando llegué a acordar la cita con el maestro Fernando Vallejo Rendón, que su sobrina Tatiana, que atiende el Café Vallejo, en Laureles, que no nos conocíamos, y armó un alboroto que me dejó anonadado. ¡Que ojos tiene el primo!. Me dijo con entusiasmo de primer grado. Esta debe estar mal de la cabeza, pensé.

¡Claro! Que tenía los ojos amarillos en la parte que es blanca: ya tenía la ictericia y no me había dado cuenta, en mis ojos claros. Lo supe, del mal del hígado, por los otros síntomas al otro día. Como es la rasquiña en todo el cuerpo amarillo. Tenía razón.

¡Adiós chicharrón, adiós cerveza! Por lo que no pude cumplirle la promesa a la virgen de beberme una botella de aguardiente en el atrio de la iglesia de cada pueblo que visitaba. ¡Avemaria!

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Y así el periplo, pasé por la patria chica del general Córdoba; Rionegro, y por donde libró la batalla en El Santuario. Pasamos una noche en Valparaíso, donde vino a la vida el famoso Uribe Uribe, el bueno.

Digamos, para terminar: la misma tierra de mis ancestros maternos vista en diferentes épocas. El adelanto, el desarrollo económico es impresionante, igual ver a muchas niñas con implantes metidos en apretadas licras. También es menester desatacar la atención de sus habitantes, amorosa y dispuesta a servir.

No obstante, aún se ve mucha pobreza colgada en las cornisas de las montañas y a un lado de las carreteras.

“GRUPO ARRECIFES GOLF” REALIZA JUEGO

ANUAL DE LA RECORDACION,

MATCH PLAY Y OTRAS ACTIVIDADES

Por: Cronista Golfístico de Arrecifes.

Se acerca el ocaso del año y ya estamos alistando el “Plato de Estrellas” con el fin de posicionarnos para el próximo 2022. El Secretario del Grupo determinó que el día 28 de octubre del presente año, se realizara el “Noveno Juego de la Recordación”, en memoria de nuestros Compañeros, que se nos adelantaron a nuestro zarpe a la eternidad en derrota de los mares celestiales y que hoy día nos observan desde el “Hoyo 19” de la Gloria.

Se volvió una muy naval costumbre realizar una corta ceremonia al termino de nuestro juego de golf del hoyo 18, donde después de escuchar las trompetas del minuto de silencio y honores con el pito del contramaestre, proceden los jugadores asistentes alrededor de

su lago a “lanzar” una bola a sus aguas calmas. Esta Ceremonia, tuvo el siguiente “Orden del Día”:

1.Palabras del Señor Almirante LUIS CARLOS JARAMILLO PEÑA – Presidente Grupo Arrecifes.

En donde con nostalgia mencionó al partner Enrique Mahecha fallecido unos días antes a éste nuestro “rito” programado del año 2020, e indico la totalidad de quienes nos han precedido, como son:

Capitán de Navío

ANTONIO LABORDE RESTREPO

Coronel

CARLOS CORZO TORRES

Brigadier General

GUILLERMO ZUÑIGA CABRERA

General

RAMÓN NIEBLES USCATEGUI

General

FARUK YANINE DIAZ

Vice-Almirante

ALBERTO SANDOVAL SOLANO

Coronel

ENRIQUE CARVAJAL NUÑEZ

Capitán de Corbeta

EDUARDO NOGUERA GAVIRIA

Capitán de Navío

ROBERTO REYES CARDENAS

Capitán de Fragata

EDILBERTO RAMIREZ VILLATE

Doctor

MIGUEL RIVEROS RODRIGUEZ

Capitán de Navío

ORLANDO MATERÓN TREJOS

Mayor General

LUIS H. VALDERRAMA NUÑEZ

Brigadier General

LUIS F. ESTUPIÑAN FUERTES

Almirante

ALVARO CAMPOS CASTAÑEDA

General

MANUEL SALINAS CATTIN

Mayor

JUAN MORENO RODRIGUEZ

Teniente de Fragata

ENRIQUE MAHECHA

Q.E.P.D

 

2.Oración Marinera “ARRECIFES GOLF”.

Tú señor que dispones del Viento y del Mar de la vida,

Donde permites la calma y la tempestad,

Nos llama zarpando hacia el infinito,

Con las velas desplegadas y el silencioso sonido de la muerte.

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