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2020 - N° 230

 

y exhaustos por

 

 

naval colombiana

 

 

el último poste

 

 

 

 

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Director: Dr. Jorge Serpa Erazo • Editor: TFES(ra) Dr. Francisco Rodríguez Aguilera

 

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DR. JORGE SERPA ERAZO

 

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DR. FRANCISCO RODRÍGUEZ A.

 

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Director

Corresponsal Cartagena

Editor / Corresponsal Europa

ACTOS CONMEMORATIVOS ENGALANAN EL

DÍA DE LA ARMADA DE COLOMBIA EN

CARTAGENA

Dando estricto cumplimiento a los protocolos de bioseguridad, hombres y mujeres de la Fuerza Naval del Caribe conmemoraron los 197 años de la Armada Nacional

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CYBER-CORREDERA19 Años sirviendo a la familia Naval Colombiana

Nº 230

Autoridades militares y de policía, conmemoraron los 197 años de la Armada de Colombia, en un solemne acto protocolario que contó con la asistencia del señor Vicealmirante Andrés Vásquez Villegas, Comandante de la Fuerza Naval del Caribe, Contralmirante Juan Ricardo Rozo, Director de la Escuela Naval de Cadetes “Almirante Padilla” y el señor Brigadier General Henry Armando Sanabria Cely, Comandante de la Policía Metropolitana de Cartagena, en compañía de un número reducido de Comandantes de Componente de la Fuerza Naval del Caribe, dando cumplimiento a las normas de bioseguridad a causa de la pandemia.

El acto militar que fue registrado en directo a través de la Página de la Presidencia de la República y enlazado con Armada de Colombia, permitió que las tripulaciones recibieran el mensaje del señor Presidente de la República Doctor Iván Duque Márquez, quien recordó en esta fecha el sacrificio, disciplina, compromiso de los hombres de la Institución Naval en los diferentes puntos cardenales, velando por Salvaguardar la vida humana el mar, contrarrestar los flagelos de inestabilidad, proteger las líneas de comunicación marítima y acompañar de manera permanente y significativa los procesos de desarrollo de las comunidades más vulnerables, a través del exitoso trabajo de Ayuda Humanitaria a los pobladores más vulnerables asentados en las diferentes regiones Pacifico, Amazonía y Oriental, quienes al unísono, desde sus Fuerzas Navales y haciendo uso de la tecnología, hicieron parte de los actos conmemorativos del Día de la Armada.

En la ciudad heroica, la Arquidiócesis de Cartagena en cabeza de Monseñor Jorge Enrique Jiménez Carvajal, Arzobispo de Cartagena, ofreció una solemne misa en conmemoración del aniversario No 197 de la Institución Naval, elevando Plegarias al Todopoderoso por la vida de los hombres y mujeres de la Armada de Colombia y sus familias, para encontrar la fortaleza de continuar con transparencia, generosidad y compromiso velando por la seguridad y la vida de los pobladores de la Región Caribe. Así mismo, hizo un reconocimiento a la sobresaliente labor de Ayuda Humanitaria por parte de la Fuerza Naval del Caribe a las comunidades más vulnerables del área rural, urbana y zona insular de Cartagena, como muestra de solidaridad y generosidad con quienes más lo necesitan durante el aislamiento preventivo obligatorio.

Dentro de los actos representativos y que forman parte de las tradiciones navales, se llevó a cabo la Ofrenda Floral en el emblemático Parque de la Marina ante el Busto del Almirante José Prudencio Padilla, recordando su legado victorioso en la Batalla del Lago de Maracaibo, que propició el desarrollo de gestas emancipadoras dando origen a las gestas libertadoras que le otorgaron la independencia a Colombia en el año 1810.

Adaptándose a las nuevas dinámicas mundiales de convivencia a causa del COVID19, hombres y mujeres de la Institución Naval agradecieron al Todopoderoso por ser el Dios de los mares que guía los destinos de los hombres y mujeres que Protegen el Azul de la Bandera, manteniendo vivo el espíritu y orgullo Patrio, sirviendo a Colombia desde los ríos, costas y mares en el Caribe colombiano.

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Nº 230

CAPITÁN DE NAVÍO LUIS FELIPE MANTILLA

Por VALM(ra) William Porras

He querido escribir este artículo en homenaje a un marino que dedico toda su vida al servicio de la Armada Nacional, Sr. Capitán de Navío Luis Felipe Mantilla Duarte.

Entro a la Escuela Naval en 1948 y egreso como teniente de corbeta el 7 de abril de 1952 del contingente XIII y ascendió a capitán de navío el 1º de diciembre de 1971, durante este grado hasta su fallecimiento el 24 de julio de 2020, varios Comandantes de Armada quisieron ascenderlo a contralmirante y no quiso. Como capitán de navío duro 49 años, era el Capitán de Navío con más antigüedad en servicio activo del mundo, todo un “Guinness Record”. Navego en la época de los petroleros de la Armada alrededor de un millón de millas otro record que no lo tiene ningún oficial naval.

Personalmente trabaje con él en el Estado Mayor Naval desde 1997 como Jefe de Estado Mayor, Jefe de Operaciones Navales y Segundo Comandante de la Armada en el 2000. Su lealtad era a todas pruebas su mayor tributo, a pesar de su antigüedad era sumamente respetuosos con los oficiales de insignia que le precedían, pero muy estricto con los oficiales menos antiguos que él. Poseía otros como la disciplina y puntualidad, era el primero en llegar al Comando (07:00AM), donde era el principal asesor de Estado Mayor del Comando de la Armada, cargo que desempeño por más de 30 años y era de los últimos oficiales en retirarse. Tenía un archivo propio y en muchas ocasiones se le pedía una información de muchos años atrás y le traía a uno el respectivo documento. Tenía una memoria prodigiosa y sus consejos y recomendaciones operacionales eran muy oportunas.

Como ser humano, era muy desprendido y bondadoso, su sueldo lo donaba a una entidad de religiosas. Desde la aseadora hasta el Comandante de la Armada de turno lo apreciaban y pasaron más de 20 Comandantes de Armada, durante su permanencia en el comando, (más de 30 años).

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Nº 230

Llevaba hospitalizado varios días en el Hospital Militar Central por problemas intestinales, batallando por salir adelante, pero finalmente escogió el día de la Armada, el 24 de julio, para soltar amarras en su última singladura de la vida terrenal e institución que amo dedicándole toda su vida, con rumbo a la vida eterna y en donde todos algún día seguiremos el mismo rumbo trazado cuando Dios lo desee.

Mi capitán su huella dejada en los marinos colombianos será imperecedera como marino, oficial, compañero, subalterno y superior, que mejor tributo quiso darle la vida a todo un marino colombiano que despedirlo de esta vida el 24 de julio día de la Armada Nacional y celebración del día de la batalla del lago de Maracaibo y natalicio de Simón Bolívar, fecha donde nuestro máximo héroe naval José Prudencio Padilla, sello la independencia de Colombia, Panamá y Venezuela. Paz en su tumba y que mi Dios lo tenga en seno de su gloria.

ARMADA DE COLOMBIA LAMENTA EL

FALLECIMIENTO DE UN MARINO ILUSTRE DE

LA INSTITUCIÓN NAVAL

La Armada de Colombia lamenta informar el sensible fallecimiento del señor Capitán de Navío Luis Felipe Mantilla Duarte, el día viernes 24 de julio de 2020, a las 18:25 horas en el Hospital Militar Central de la ciudad de Bogotá.

El señor Capitán de Navío Mantilla Duarte se desempeñaba como Jefe del Grupo Asesor Permanente del Comando de la Armada y sus 70 años de servicio abnegado y ejemplar a la Institución y a la Patria, lo llevaron a ser reconocido como el Marino y Oficial Naval en servicio activo más antiguo del mundo.

La Armada de Colombia está de luto, y los hombres y mujeres que la integran extienden su solidaridad y apoyo a la distinguida familia de este marino ilustre de Colombia.

RESEÑA HISTÓRICA

El señor Capitán de Navío Luis Felipe Mantilla Duarte nació el 13 de junio de 1927, en Piedecuesta, Santander. Se graduó de la Escuela Naval de Cadetes “Almirante Padilla” el 07 de abril de 1952 como Teniente de Corbeta de la Especialidad Ejecutivo Superficie y ascendió al grado de Capitán de Navío el 01 de diciembre de 1971.

Durante sus 70 años de servicio, ocupó diferentes cargos a bordo de las unidades a flote como Oficial de Deberes, Segundo Comandante y Comandante de buques de mar y de río, lo que le llevó a navegar en 28 años de embarque aproximadamente 1,8 millones de millas náuticas, abordo de las unidades marítimas, y cerca de 9.450 kilómetros en las unidades fluviales de la Armada de Colombia.

Entres sus destinaciones en tierra ocupó los cargos de Canciller y Servicios de la Armada Nacional, Comandante de la Fuerza Naval del Magdalena, Jefe del Departamento de Operaciones del Estado Mayor Naval, Comandante de la Base Naval ARC Leguízamo, Primer Comandante de la Fuerza Naval del Sur, Agregado Naval a la Embajada de Colombia en Caracas, Jefe del Estado Mayor Naval, Director Honorario de la Escuela Naval de Suboficiales "ARC Barranquilla” y actualmente, fungía como Jefe del Grupo Asesor Permanente del Comando de la Armada.

El espíritu de cuerpo, disciplina y compromiso del Capitán de Navío Mantilla Duarte le llevaron a recibir un importante número de distinciones a nivel nacional como la Cruz de Boyacá, Orden al Mérito Militar Antonio Nariño en la categoría de Comendador, Orden al Mérito Naval Almirante Padilla en la categoría Comendador, Medalla de Servicios Distinguidos a la Infantería de Marina, Medalla al Mérito Logístico y Administrativo Contralmirante Rafael Tono, Medalla Militar Fe en la Causa de la Armada Nacional, Reconocimiento como Servidor Público “Toda una vida de servicio” otorgada

por el señor Presidente de la Republica de Colombia, entre otras; y a nivel internacional, recibió las condecoraciones de Orden al Mérito Naval de segunda clase de la Armada de Venezuela y Orden del Mérito Civil de España.

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Nº 230

EL BOTE QUE TREPÓ UNA MONTAÑA

CN(r) Julio Cesar Reyes Canal / Contribución CTIM(ra) Matias Silva Rivadeneira NA 75-046

“Estuve en la base hablando con el Capitán Piedrahíta y me explicó por qué no hay forma por ahora de enviar un buque a llevar el ventilador a Panamá”, dijo el Capitán Federico Diago a sus oficiales en tono taciturno a la hora del almuerzo, y agregó: “De manera que tenemos que prepararnos para una larga estada del „Caldas“ amarrado a esta boya”.

El ingeniero jefe le preguntó si no se podía enviar el aparato por vía comercial y el Capitán le respondió que esa era una posibilidad de difícil ejecución sí, pero que había que estudiar con cuidado.

En situación tan melancólica creí inyectar algo de buen humor a la conversación ofreciendo „La Golondrina“, ahora de mi propiedad, para que llevara el ventilador a su reparación a Panamá. Algunos rieron como era debido y otros me miraron con algo de sorpresa.

Era yo a la sazón oficial de deberes generales del Destroyer a ARC „Caldas“ en uno de esos altibajos que caracterizan a las carreras militares de Colombia. Me habían trasladado sin ningún preámbulo a la Dirección de la Escuela de Especialistas, a ese cargo secundario. Tratamiento similar habían recibido otros tres Tenientes de Navío, compañeros míos, que entraron también en desacuerdo con el Director General de Marina, Capitán de Fragata Aureliano Castro, respecto a diferentes aspectos del servicio en una reunión de oficiales habida en la base un mes antes. Como se dice en el argot futbolístico, nos pasaron de estrellas titulares a simples jugadores suplentes. De protagonistas en el campo de juego a espectadores en la banca. Todo por no tener la boca callada. Pero como los nuevos cargos no demeritaban el grado, se asumieron sin dificultad y seguimos haciendo fuerza por el equipo con disciplinado entusiasmo, lo que podía comprobarse plenamente en mi caso con ese singular ofrecimiento.

Era mi segunda semana a bordo y no había esperanza de que mi hondo deseo de prestar guardia en el puente se pudiera cumplir pronto. Al buque se le había dañado uno de los grandes ventiladores Stutervant de tiro forzado del cuarto principal de calderas y para repararlo se requería maquinaria que sólo existía en el Caribe en el gran astillero de Balboa; y ahora, según el Capitán, me esperaban largas semanas, quizás meses, de aburrimiento y de letargo con el barco inmovilizado en Cartagena.

Aún cuando mi propuesta había quedado entre chiste y chanza durante el almuerzo, el Capitán me preguntó en la tarde si el asunto era de verdad en serio, con lo que abría inesperadamente la puerta a una promisoria aventura que desde luego no podía desperdiciarse. Le contesté que sí, pero con la condición de que yo fuera el Capitán del bote y que me dejaran escoger tres marineros para tripularlo.

“Esta cosa puede parecer descabellada porque „La Golondrina“ es un bote pequeño que sólo puede navegar a vela” respondió; “pero sin embargo voy a mencionárselo ahora al Comandante de la Base a ver qué opina. Quizás no me regañe”.

La entrevista con el Capitán Piedrahita al día siguiente resulto estupenda. “Hombre Reyes!” me dijo “Cuando va usted a dejar de ser aventurero?” Cuente a ver cómo es que “„La Golondrina“” podría llevar ese ventilador a Colon”.

Le conteste que el ventilador pesaba alrededor de una tonelada, que su diámetro superaba la escotilla del bote en tres centímetros y le agregue que ya sabía cómo vencer ambos obstáculos. El del peso, sacándole al bote el lastre de concreto y hierro que llevaba en las sentinas y reemplazándolo de ida con el ventilador y de regreso con veinte bolsas de cemento. Y el del diámetro, aumentándole cinco centímetros a la escotilla, lo que podía hacerse con dos carpinteros en un día.

“Y ustedes donde van a dormir?” “En Cubierta mi Capitán, y en caso de mucha lluvia hay un espacio en la proa con dos literas”, le respondí.

El hombre se rio con ganas y yo intuí, porque lo conocía bien, que en ese instante le estorbaban el maldito grado y el maldito cargo que le impedían decir con efusión: “bueno Julio C., nos vamos los dos a vela con el bendito ventilador a Panamá”. En cambio, el Comandante en tono circunspecto dijo: “Bueno Diago, hablaré con el Capitán Castro a ver que dice”.

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En la formación de cubierta para escoger la tripulación dieron un paso al frente una treintena de marinos. Escogí al contramaestre Ashton Howard, al cabo primero de mar Zenón Robinson y al fogonero segundo Raul Mateus. A los dos primeros porque eran dos gigantes de Providencia, nacidos entre las velas de las goletas, y al último porque me dijo afanoso “Yo, yo, mi Teniente! No se le olvide que usted fue de máquinas”.

La orden de zarpe llego el sábado 13 de Julio de 1946. Mi compañero y amigo de la infancia, Teniente Miguel German Carriazo Paz, segundo comandante del “„Caldas“”, me acompañó hasta Boca chica y me abrazó con tanta emoción al despedirse que me hizo sentir que tal vez él también había soñado venirte conmigo a Panamá. Pasada la isla del tesoro ordené un rumbo que en la carta nos llevaba en dos días, con los alisios por estribor, 30 millas afuera de punta Manzanillo, pero con el abatimiento calculé pondría a „La Golondrina“ en una sola bordada a la vista de la costa acercan a Colón. Todo está a punto en el bote y me fui a descansar a esperar mi turno en el timón.

sabíamos que el gran ventilador nos privaría no sólo del confort del salón sino de dos facilidades esenciales, el retrete y la pequeña estufa de kerosene. Para solucionar lo primero disponíamos del bauprés y de los dos foques que con buen equilibrio dispensaban algo de privacidad y mucho de buena ventilación, y para el segundo habíamos convenido en comer frío, directamente del cajón del hielo al abrelatas y a la cuchara. Al fin y al cabo creíamos que en tres o cuatro días de tornaría la vida usual a bordo.

Atribuir el silencio con se inició el almuerzo ya en pleno mar abierto, al espagueti frío con albóndigas, pan y maltina, pero al final se descorrió el telón: “mi Teniente”, dijo Howard, “Zenón y yo creemos que el rumbo no es bueno por arriba. Nosotros siempre íbamos por abajo en las goletos”. Por abajo querían decir los isleños ir más al sur hasta Isla Fuerte y luego si con rumbo oeste a Panamá. Intuí que tal vez Howard por allá en los recóndito de sus pensamientos, no quería repetir, si acaso el ventilador despanzurraba el bote, una navegación tan ardua hasta la costa en nuestra balsa inflable, como lo que había soportado poco años antes cuando lo hundieron los americanos en la goleta “Envoy” en 1942.

(La goleta “Envoy” zarpó de Providencia cargada de cocos y con rumbo a Cartagena a principios de febrero de 1942, según afirman el médico Oswaldo Connolly y el carpintero Nicasio Howard, dos de los náufragos que aún viven, pero sin recordar la fecha. El Capitán era Wellington Hooker, el segundo Malvido Archbold, el cocinero Llorente Henry, los marineros Sigsbee Robinson, Hue Robinson y Nicasio Howard, y los pasajeros Ashton Howard, Cabo Primero de Mar de la Armada, Oswaldo Connolly, estudiante en la Universidad de Cartagena y Rogelio Robinson quiénes regresaban de sus vacaciones de Navidad y Año Nuevo.

El sábado siguiente al zarpe se la aproximó en la noche un buque pequeño de guerra, tripulado por norteamericanos, que colisionó con la goleta y le causó en la proa una grave avería. El buque preguntó

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en la oscuridad si requerían ayuda, la goleta contestó afirmativamente pero no recibió ninguna, fue abandonada a su suerte y se hundió media hora más tarde. Los 10 hombres se aferraron a dos pequeños botes y en ellos fueron arrojados por el mar en la punta Manzanillo en Panamá el próximo miércoles, completamente ilesos.

La tripulación siempre estuvo convencida de que el accidente no había sido fortuito sino que se trató de una venganza por presunciones de que daban combustible a los submarinos nazis, lo que hoy Oswaldo Connolly y Nicasio Howard niegan de plano. La conducta del buque americano continúa haciendo hasta hoy un enigma para los Providencianos viejos.)

Yo siempre traté de aprovechar en mi vida la experiencia de los demás cuando la conocí oportunamente. En este caso mi conocimiento hondo del bote, la teoría y el sentido común me indicaban como más expedita la ruta de afuera. Pero yo carecía de la experiencia de los isleños en navegar a vela en esta área, razón primordial para que ellos estuvieran allí. Así, después de debatir el punto, no pude anticipar ningún inconveniente importante para complacerlos. Llegamos a Isa fuerte con el crepúsculo, fondeamos muy cerca a la playa y bajamos a corretear una gallina que nos preparó un sancocho bendito y caliente, con alegría y sin afán, una negra magnífica que nos alborotó el corazón.

La mosquitera nos devolvió pronto a bordo. Dormimos como justos y al despuntar el día ya estaba el ancla izada y el velamen arriba con rumbo hacia Colón. Y a los dos días de bucólica navegación recalamos.… Pero no cerca a Colón sino bien lejos de allí en las islas San Blas. El abatimiento había

podido más de lo que logramos ganarle a la brisa con tenacidad. El Teniente Reyes con su inexperiencia pero con más fe, mejor conocimiento de la teoría y ningún naufragio en su curriculum, había tenido razón. „La Golondrina“ había tenido navegar por fuera para arribar más aprisa.

Sin embargo el asunto parecía no tener mayor significación. Una bordada de seis o siete horas para abrirnos al norte y luego si a negociar la punta y a los tajamares del puerto.

Pero en el mar las cosas no siempre son como uno cree que deberían ser. Apenas enmendado el rumbo amainó la brisa, vino la calma chicha y comenzamos a derivar hacia la interminable cadena de islotes en cuya cercanía amanecimos al día siguiente. A las siete de la mañana volvió a soplar pero se fue a las 10, volvimos a rodar, y a la madrugada siguiente estábamos otra vez en el sitio de partida. Cuando comenzamos a recular, al tercer día, les pregunté a los marineros se veían la colina de agua que teníamos al frente. Contestaron que no. “¿Pero no ven como el bote va para atrás rodando por la falda?”

-“No, mi Teniente, es la corriente”, dijo Howard

-“Ustedes están ciegos. Ésa montaña de agua que yo veo adelante la hicieron los dioses de los indios Cunha para que los pendejos que entraron no pudieran salir. Aquí nos vamos a quedar hasta cuando alguien nos saque remolcados de entre este platón”.

-“Hay que tener paciencia, mi Teniente. Yo no veo montaña pero la brisa cambia”.

El no veía la montaña pero en cambio si vio una hora después algo que lo hizo gritar con afán: “Zenón,

Zenón: water spout”. Yo oí el grito en el camarote y brinqué afuera o unírmeles en la emergencia derribar las velas y cerrar escotillas. A cosa de una milla se había levantado del agua una columna negruzca que serpenteado en el aire buscando una nube gris y baja que pendía cerca ella. Una tromba marina que surgió sin aviso a sacudirnos del letargo opresivo. Se paseó cuatro o cinco minutos sobre el mar y luego se desplomó humedeciendonos con su llovizna. Formidable espectáculo contado por la naturaleza para distraer un instante a cuatro hombres solitarios y meditabundos.

Al quinto día dos aviones americanos no sobrevolaron y no saludaron con las alas. Nos encontraron, tal vez nos estaban buscando. Le respondimos agitando una bandera pues no teníamos radio. Ahora el Capitán Piedrahíta iba a tranquilizarse porque el gran ventilador no se había perdido todavía.

Howard tenía razón. Él conocía mejor el viento. Al séptimo día „La Golondrina“ pudo comenzar a escalar la montaña más temprano, a las seis. A las 10 aún había brisa de tierra, ella continuaba aleando cuesta arriba con las velas tesas, y a las 11 logró llegar al fin a la cúspide y comenzó a rodar al otro lado hacia el mar abierto y el alisio fiel.

Cuándo llegamos a la Base Naval de Cocosolo al día siguiente en la tarde, nos entregaron dos radiogramas de Cartagena. En el uno el Comandante pedía información sobre el retardo y en el otro felicitaba al Cabo Robinson por el nacimiento de una nueva hija vigorosa en el Nospital Naval.

Los norteamericanos colmaron al bote de atenciones, vino una grúa, sacó el ventilador, cargó el cemento y nosotros volvimos a saber que era comer caliente, bañarse con agua dulce y dormir en colchón.

A los tres días ya estábamos en el mar otra vez, pero en condiciones diferentes. Habíamos progresado un siglo entero .

A la altura de Portobelo ordené un rumbo Noroeste en dirección a San Andrés. Ahora si le iba dar amplio espacio al bote para que en el viraje hacia la costa el abatimiento no hiciera de las suyas dejándonos la recalada muy atrás. Los isleños, quizás ante la experiencia anterior, no exteriorizaron esta vez opiniones aun cuando en cada relevo de guardia alguno preguntaba “¿ya vamos a mirar mi Teniente?”. “No, porque entonces recalamos muy abajo en Isla Fuerte, o muy abajo en Coveñas o muy abajo en las islas San Bernardo yo quiero llegar pronto a Cartagena”. Al completar 24 horas de mi terco rumbo al norte, Howard me dijo preocupado: “mi teniente, si nos seguimos abriendo, en el otro viraje llegaremos a Galerazamba o Barranquilla”.

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Ante tanta insistencia viramos en un rumbo apretado para ganarle por babor a la brisa nordeste el máximo que permitía el velamen. Sin embargo dos días después recalamos 50 millas abajo de Cartagena y la boya de mar que señalizaba un bajo en la entrada norte del golfo de Morrosquillo. El viento había amainado mucho pero nos permitió amarrar en la boya para almorzar tranquilos y esperarlo de vuelta sin derivar.

Y allí en aquella boya cometimos una traición contra un enorme compañero de viaje que nos venía siguiendo con insistencia desde la víspera y mostrándonos a menudo sus grandes aletas tal vez en son de afecto. Pero Mateus no lo entendía así y me despertó de mi siesta en la proa para decirme que ese tiburónazo que se arrimaba tanto lo estaba impacientando y pedirme permiso de hacerle un tiro con el Mauser. Se lo pegó muy bien en la cabeza y lo hizo alejarse e irse a pique en lentas curvas y acompasadas volteretas. Mejor traicionarlo nosotros a tiempo en vez de que él nos traicionara más tarde en cualquier emergencia, pensé yo. ¡Así es la vida! Peremne desconfianza.

A las tres de la tarde llegó otra vez la brisa y nos fuimos bien por fuera de las islas San Bernardo a buscar las del Rosario en la madrugada y el fin de la aventura.

Anocheció con buen viento que recibíamos por babor y estribor según le conviniera al rumbo. A las nueve era fuerte la brisa y arriamos la cangreja y el primer foque. A las 10 la cosa ya iba en serio, cogimos la primera hilera de rizos y estacioné a Mateus en el salón a controlar que el cemento no se desplazará, Howard tomó las escotas del foque; Robinson, quien era el hombre más corpulento, las de la vela mayor y yo me quedé con la caña del timón, quien en esas circunstancias había que controlar de lado y lado con dos pequeños motones pues no había brazos que soportaran la presión. Constituimos en medio de la oscuridad un triángulo muy próximo y cerrado para el gobierno de la embarcación.

A medianoche el mal tiempo se había convertido en vendaval feroz, teníamos anudadas la segunda hilera de rizos y los voluminosos salvavidas de kapok y los cabos con que nos habíamos amarrado de un tobillo a las bitas nos redujeron la movilidad estrictamente a cada estación; el atronador silbido de las cambiantes ráfagas de viento obligaba a hablar a grandes gritos; las olas con sus moles más altas que el tope del mástil se nos venían por la amura de babor con acompasada crueldad, le quitaban la vía a „La Golondrina“ mientras ésta se les encaramaba a la cresta para triplicársela en la vertiginosa caída a la sima que la roda cortaba con estrépito para bañarnos en cascadas de espuma. Hacía frío y los sistemas nerviosos en alerta máxima controlaban con precisión el movimiento y la atención de las musculaturas para acomodarlas cada segundo a los cambiantes embates de los elementos desbocados. Ninguna escota iba asegurada y todo el bote estaba conectado directamente a sensores humanos que respondían al instante y al unísono a sus exigencias de estabilidad. Durante dos horas que fueron una eternidad „La Golondrina“ y su tripulación funcionaron como un solo ser viviente empeñado en no dejarse doblegar por la furia del mar.

La hora de la verdad la definió Zenón Robinson cuando rompió el silencio con una frase simple: “mi

Teniente: lo que más me duele, es que no pude conocer a mi hija”. Semejante lamento en boca del impávido gigante hijo del mar, casi me tranca el corazón. Lo increpé con un grito metálico que le debóo perforar el alma y le agregué: “no, Zenón, este mar nunca podrá hundir „La Golondrina“ a no ser que se estrelle contra algún bajo en las islas. Por eso voy a mirar hacia fuera”.

¡No nunca!. „La Golondrina“ bien lastrada, bien equipada y bien tripulada no podía hundirse sólo porque el mar se ponía bravo. Al diablo con ese pensamiento. Yo había ayudado a construirla con mis manos de domingo en domingo desde cuando Hernando Barriga le compró su esqueleto en 1941 a Ana Sánchez la viuda de un excéntrico electricista alemán de la Base que escogió en los manglares 1 × 1 cada costilla curvada por la naturaleza, las unió todas sobre la quilla, la rodas y el codaste de abarco, y se pegó un tiro sin decir porque.

Con la ayuda de Gregorio Díaz, Eligio Contreras y Silverio de Arco, tres formidables carpinteros de ribera, profesión artística en trance de desaparición, Barriga y yo la terminamos con especificaciones de acorazado: forro de abarco de una pulgada de espesor remachado a las cuadernas de mangle con pernos y roldanas de cobre, la cubierta en tiras de ceiba de dos pulgadas de ancho y una de grueso curvadas al vapor en un artefacto que construyó Barriga, y clavadas con puntillas de cobre; mástil y pobres de abedul canadiense, jarcia galvanizada en caliente, velas en lona número 10 y hasta el último peso de ambos para no omitir calidad ni capricho. El alemán se había seguido por unos planos noruegos que también heredamos, eslora 30 pies, manga 10 pies y puntal 6 pies, que le daban al bote gran estabilidad con el lastre apropiado, buena como para regresar a Hamburgo. ¿Cómo no tener confianza en el bote? Habría sido como desconfiar de un hijo. El viento podía aumentar su mugido y las olas seguir abriendo más hondo sus abismos. „La Golondrina“ no se iba a reventar.

Con los cuatro en cubierta vinieron las órdenes: “¡alistarse para virar por avante. ¡Listos!. ¡Viramos!”. Toda la caña fue a estribor … y no viramos. Seis intentos más en media hora con toda una gama de cambios en la ejecución y no logré voltear la proa hacia afuera a pesar de que Mateus se le colgaba al foque para ayudar. Y virar en redondo era impensable. Entonces Howard dijo: “yo quisiera ensayar, mi Teniente”. Cambiamos de puesto, yo cogí las escotas del foque, feliz de que el marino de las goletas me relevara en la caña y nos alistamos para el otro intento, que falló con el otro y el otro. Pero al cuarto lo logró con un cañonazo que disparó la mayor al pasar de un lado al otro, aún cuando Robinson le tenía las riendas cortas al máximo. El mástil y la jarcia se estremecieron con el golpe feroz de botavara y vela. “¿Está bien Robinson?” “Casi me saca del buque, mi Teniente”, contestó.

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Nos fuimos mar adentro con el viento en la aleta derecha y a mí se me borraron de la imaginación las rompientes convirtiendo en añicos mi bote. Howard era el hombre para mantener „La Golondrina“ ahora en su rumbo difícil con semejantes olas por la popa. Lo hizo a la perfección hasta que lo relevo Robinson a las cuatro con el mar amansándose. A las cinco, en medio de las contraluces del amanecer, todos veíamos islas por todas partes y a las seis sólo nos rodeaba el mar infinito sin que pudiera verse un punto sólido en nuestro rededor. El vendaval nos había sacado lejos.

Le dije a Robinson: “en dos días va a conocer a su hija”. Sonrió, inclinó la cabeza y dijo: “la culpa de todo esto es de Mateus por haber matado del tiburón”.

Yo vine a conocer la niña 20 años después cuando lo encontré por milagro en el Hotel del Prado en Barranquilla y me presentó a una bella muchacha junto al mostrador de la recepción. Es Zully, dijo. Ambos estábamos de paso, retirados ya de la Armada. El vivía en Venezuela y yo en San Francisco, California. Murió pocos años después; los tres murieron jóvenes, y yo quedé para mirar a menudo su casa, donde vivía su hijo Zenón, aquí en Santa Isabel, y para enviarle un mensaje. Robinson es ahora un átomo en el cosmos, pero tal vez entienda mediante nuestra fe simple y humilde cuando le digo que su casa está igual, que Zenón nos maravillaba en las grandes festividades religiosas con su guitarra y sus coros bautistas y que su isla es ya muy distinta de cuando él se ausentó.

Nos metimos por los bajos entre Isla Arena y Barú y toda la tarde con viento muy contrario la gastamos tejiendo como en 15 bordadas la entrada a Bocachica hasta fondear en Coquito con las últimas luces de la tardecer y caer desplomados.

El „Caldas“ nos recibió con efusividad y mucha curiosidad por nuestras aventuras. En la Base el Capitán Piedrahíta se mostró feliz. Pero el día siguiente vinieron dos empleados a mirar el cemento y a preguntarles cosas a los tripulantes. Luego un oficial me confío en secreto que el Director de Marina le había sugerido al Comandante de la Base que se investigara que había estado haciendo „La Golondrina“ 20 días en el mar, de lo cual éste lo disuadió con firmeza elegante. ¡Ay Colombia, patria mía!. A nosotros en vez de colgarnos una merecida condecoración casi nos cuelgan un sumario mientras que tantos notables en vez de colgarles un merecido sumario les cuelgan una condecoración.

SALIR DE LA CIUDAD PARA VIVIR EN EL

CAMPO

Por: Jaime Borda, Julio 2020.

La hacinacion y falta de movilidad en las ciudades, está minando la salid física y mental de muchas personas y está interviniendo en la crianza de los hijos. Vemos como la gente se mantiene alterada, quejándose, viviendo en conflicto con lo que le rodea, recibiendo a diario mensajes negativos de unos medios alarmistas que en vez de construir destruyen. La envidia, el odio, las mentes destructivas y los conflictos crecen y crecen, mientras la salud se afecta.

Será que este sistema entre dificultades y entre paredes, como si se viviera en cuevas, sin vista, sin aire puro, sin naturaleza, esperando tragedias, pestes, con una influencia contaminadora, nos está mostrando el camino para cambiar la ciudad por el campo?

Esta pandemia es una de las múltiples plagas que amenazan al mundo, es la muestra real de que estaremos afrontando enormes conflictos, tragedias, incertidumbre y manejando tempestades. El encierro nos ha permitido pensar, examinar y evaluar la clase de vida que llevamos, rodeada de engaños, de falsedad, de costumbres absurdas, de tratar de demostrar lo que no somos, de competir con el vecino, donde desafortunadamente se le ha dado más importancia al dinero sin importar su procedencia. Hemos dejado a un lado valorar a las personas por sus buenas costumbres, por su sencillez, por su moral, para valorarla por su falsa fachada. El ascenso económico de personas sin cultura, ambiciosas, sin sensibilidad social, sin verdaderos valores morales ha sido un mal ejemplo, que ha estimulado la corrupcion y la figuración falsa.

La mejor alternativa de vida plena está fuera de las ciudades, está en el campo, está en las sanas costumbres de convivencia y solaridad, es la oportunidad que se nos presenta de cambiar, de vivir mejor alejándonos de la contaminacion ambiental e involucrándonos más con la familia y los verdaderos amigos más allegados. El espacio verde, la arborizacion, la cría de animales de granja, la compañía de mascotas, la tranquilidad y las labores diarias, sin afán nos dan más vida, reencauzándo la educación de los hijos y haciéndoles ver los verdaderos valores de la vida, para sean más respetuosos en todo y con todo, aislándolos de las malas costumbres y la enorme contaminación de las ciudades.

Para algunos hacer una hortaliza, una mini granja con autosuficiencia, hacer labor social, será un descubrimiento sensacional. Hay que venir al campo sin traer los vicios de la ciudad, construir con áreas libres, amplias terrazas, grandes ventanales, anjeos, comedores al aire libre, BBQ, mirando flores, escuchando aves, eso se traduce en buena salud mental, espiritual y física. En el campo no hay que demostrarle nada a nadie, solo a uno mismo, es regresar a la esencia de lo que debemos ser. Personal libres, alegres, sin resentimientos, alejados del chisme, de la crítica y del mal vivir.

Yo he pasado parte de mi vida en contacto con la naturaleza, en los últimos 20 años casi medio tiempo en nuestro refugio campestre, eso nos ha dado muchísima felicidad, así encontramos verdaderos valores

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y por eso he impulsado el vínculo de muchas familias a este cambio de vida. En el norte de Cartagena y en Baru, hay las oportunidades que necesitamos. Los invito a conocer para que vean como se vive sin hacinamiento, con espacio y con más calidad de vida, allí compararemos que es lo que más nos combiene. No se deje hacinar, compre libertad, espacio, experimente una vida nueva, rechace lo que atente contra la naturaleza.

DEL “TALEGO MARINERO”

Por: Papayo el Velachero.

Libro escrito por el Sr. CN(RA) ENRIQUE ROMAN BAZURTO, cuya primera edición fue en 1978, bajo el número 0451 de “Imprenta y Publicaciones de las FF.MM, y la segunda edición en el año 1987, de los talleres de “Imprenta y Publicaciones de la Escuela Naval de Cadetes”.

Transcripciones, con autorización del Autor.

“LOS CHICHARRONESDE LOS ANTIGUOS” (PÁG. 47)

Un “Chicharrón” aparte de ser un manjar tostado o requemado, significa en la jerga marinera un empleo bien retribuido y que ocasiona poco trabajo, es decir: una sinecura.

Quizás, entre los navales, esta palabreja tiene su origen en el hecho de que el “chicharrón” es el residuo del pellejo derretido del cerdo para sacar manteca y, por comparación, quien posee un “chicharrón”, permanentemente está chupando ese residuo del pellejo de los “marranos” que lo rodean.

Con frecuencia los agraciados con un puesto de esta naturaleza viven quejándose de su mal “chicharrón” para ahuyentar a los incautos y desprevenidos. Estas plazas son muy perseguidas y existen en todas partes: a bordo, en tierra, por lo bajo y por lo alto.

Pues bien, llámese destino, ocupación, plaza, función, puesto, colocación, sinecura, o “chicharrón”, aquí solo se nombrarán los más apetecidos por lo Cadetes antiguos, o mejor, por los antiguos Cadetes, debido a que hoy algunas cosas, por fortuna, han cambiado sustancialmente.

Cadete de Armerillo: Queda excluido de las guardias, a causa de su gran “responsabilidad”; participa únicamente en los deportes suaves como el ajedrez, las damas, o el dominó, pero no asiste al orden cerrado, ni a remos, ni a gimnasia, porque precisamente a esas horas “debe” pasar revista de armamento y sacar listas kilométricas de los Cadetes descuidados con su fusil, quienes hacen aseo al depósito de armamento y al fusil asignado al Cadete de armerillo (este fusil generalmente es nuevo y tiene el ánima virgen).

En tiempo de exámenes se encierra en el armerillo para “trabajar” en las cuentas de material de guerra (o sea estudiar tranquilamente). En tiempo normal no puede asistir a formación para estudio después de comida ni a la de recogida, porque “tiene” que revisar los inventarios y sacar novedades del material (vale decir, leer revistas y tiras cómicas). Frecuentemente es felicitado por la excelente presentación de la dependencia a su cargo, el magnífico estado de su fusil que debe ser puesto de modelo ante los Cadetes del Batallón y su ejemplar “consagración” al trabajo.

Encargado del Aula de Maquinaria: Escogido entre los que le echan más “grasa” al profesor. Hace rodar la bola de que, a pesar de lo joven, domina todos los sistemas de maquinaria naval. Dentro de su “territorio” usa un overol

manchado de aceite y con olor a mico, para dar a entender que vive trabajando en su museo de chatarra compuesto de viejos motores marinos, pedazos de biela, trozos de tubería, restos de turbina y, en fin, una serie de cacharros pertenecientes a los buques con que se fundó la Armada. Mientras el personal de trabajo extra aplica piqueta, rasqueta y pintura a la chatarra, el encargado de la dependencia está metido detrás de una vieja caldera acuatubular donde tiene su refugio debidamente acondicionado, “apuñalándose” para la previa de termodinámica que presentara dentro de dos días. El concepto escrito de sus superiores, a fin de año, dice más o menos: “Este Cadete tiene grandes cualidades, aptitudes y disposición para la Ingeniería Naval. Aprovecha sus ratos libres para trabajar en el aula de máquinas, sacrificando su descanso y desecha todo interés personal a fin de alcanzar el más sobresaliente rendimiento en el servicio”.

Encargado del Pañol de Deportes: se caracteriza porque a menudo les saca el cuerpo a los deportes, ya que debe estar atento a su pañol para repartir, controlar, anotar, recibir, sacudir y estibar los diferentes implementos, de acuerdo al horario de servicios. En el tiempo transcurrido entre repartir y estibar, se fuma dos pielrojas, mientras clava sus lánguidos ojos en el almanaque con una mujer semidesnuda, que está colgado en la pared. Al vencerlo el “cansancio”, descabeza un “motoso” y sueña que gano cinco medallas de oro en las Olimpiadas Mundiales. Visita con mucha frecuencia la enfermería por una rara alergia que le causa las emanaciones de guayos, guantes de boxeo y manillas de base-ball

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cuando son devueltos al termino de deportes. Casi siempre ostenta un barro en la punta de la nariz y de vez en cuando es felicitado en la Orden del Día por su “excelente” espíritu deportivo.

Encargado del Observatorio Meteorológico: es el preferido del profesor de la materia. Su compartimiento queda aislado en la parte más alta del edificio y tiene un gran letrero a la entrada: “Prohibido traspasar: instrumentos altamente delicados que reaccionan violentamente con los cambios de presión y temperatura producidos al abrir la puerta”. Siempre alega que no puede asistir a las formaciones de almuerzo, comida, estudio y recogida, porque, de acuerdo a instrucciones detalladas, en esas horas precisas debe anotar la temperatura, presión atmosférica, fuerza y dirección del viento y, en fin, realizar una serie de observaciones y medidas que deben transmitirse semanalmente al Observatorio Meteorológico de Washington.

Tiene instalado dos grandes ventiladores de techo para mantener una temperatura “uniforme” que no afecte los instrumentos y su “trabajo” (lectura de revistas y sueño reparador). El profesor siempre lo pone de ejemplo ante sus alumnos y su nota nunca baja de 4.8 sobre 5.

Encargado del Pañol de Pesas: Debe ser “cuajado” y demostrar que le gusta el ejercicio del levantamiento de pesas, único deporte que practica. La natación, las velas y, sobre todo, los remos y el orden cerrado, le afectan profundamente la “forma” y el “estilo”. Constantemente solicita permiso para ir al pañol a fin de aceitar las pesas, barras y resortes, pero siempre mantiene uno o dos hombres con trabajo extra para que le hagan su oficio. Tiene colgado en la pared del pañol un gran espejo para mirarse diariamente los músculos del cuello, tronco, brazos y piernas. Además, en los estantes que no están ocupados por el equipo propio permanecen muy bien doblados impecables uniformes de salida de diferentes tallas, “extraviados” a los reclutas; en días de franquicia los alquila a un módico precio para “levantamiento de pesos”.

Cantinero: Es generalmente un antioqueño o por sus venas corren algunas gotas de sangre de uno den sus antepasados del Medio Oriente. Se caracteriza, en todo caso, porque es una fiera apara los negocios y antes que Cadete es vendedor, negociante o traficante con mucho de mercachifle. Sube los costos de comestibles sin tener en cuenta las disposiciones del zar de precios. Tiene conexiones con el encargado del almacén de vestuario y, durante los periodos de vacaciones, instala un negocio extra para alquilar capotes a los reclutas de Bogotá, Tunja y Pasto, a fin de que echen “aguaje” en sus ciudades. Los Guardiamarinas le tiene mucha “vara” porque a ellos les fía y nunca les cobra; viven diciendo que el Cantinero sacrifica estudios y servicios en aras del bienestar que le proporciona el Batallón de Cadetes. Por debajo de cuerda tiene el negocio de compra-venta, para “desvarar” reclutas.

Encargados de Laboratorios: Son dos: el de química y el de física. El primero aprovecha probetas, tubos de ensayo, pipetas, mecheros de alcohol y demás artefactos, para preparar el “guarapo” que lo refresca en las horas de aseo de las dependencias, durante las divisiones cada ocho días. En algunas oportunidades, utiliza el guarapo sobrante para meterse su “pea” en compañía de otros servicios especiales y cuando la borrachera lo domina, extiende el petate debajo de uno de los bancos de trabajo para dormir la mona. En algunas ocasiones, cuando esta corto de sueño, se instala en posición tal que, desde afuera y visto por la ventana, todos los que pasan frente al laboratorio lo vean de espaldas “clavado” sobre el microscopio “desentrañando” los misterios de la materia.

El encargado del laboratorio de física se sirve de todos los sábados por la tarde, al dormir a pierna suelta, para practicar el experimento de la dilatación y contracción de los cuerpos: su cuerpo se contrae con el frio (si el aire acondicionado está trabajando correctamente) y se dilata con el calor (cuando falla la corriente eléctrica en la ciudad). Por otra parte, domina el uso de las “palancas” de primera, segunda y tercera clase y tiene la certeza que será un magnifico y simpático Guardiamarina y posteriormente destacado Oficial muy “servicial” y atento con los superiores.

CRISTOBAL COLON

CN (R.A.) Carlos A. Prieto Ávila

Siempre que por cualquier razón evocamos a don Cristóbal Colón, vienen a nuestra mente una cantidad de mitos y misterios; unos que nos fueron inculcados por quienes nos enseñaron las primeras letras y conocimientos, pero que a la luz de las ciencias no tienen ningún sustento, y otros, porque siempre su vida y hechos estuvieron rodeados de misterio y fantasía; en el podemos decir que la razón y la magia se enfrentaron, tanto que con certeza podemos afirmar que es uno de los personajes de la historia más enigmáticos y discutidos.

No tenemos certeza del sitio exacto de su nacimiento; se discute si su aventura fue producto de su fantasía o de sus conocimientos; las capitulaciones que firmó, no se cumplieron y hasta muerto, no sabemos cual de las tumbas que se dice tienen sus huesos es la verdadera: Valladolid? Sevilla? Santo Domingo? Cuba? Tampoco se ha develado el misterio de los signos que adoptó para que simbolizaran su firma.

Que a finales del siglo XV, se dudara que la tierra era redonda. Si esto ya estaba suficientemente estudiado y establecido desde tiempos inmemorables, veamos algunos ejemplos que lo comprueban.

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Eratósthenes de Cirene, matemático, astrónomo y geógrafo griego (276 aC.-194 aC.), director de la Biblioteca de Alejandría, sirviéndose de cálculos matemáticos sobre la longitud de un arco de circunferencia y mediante observaciones del sol al medio día en Syene en Egipto(actual Asuán) y a 800 kilómetros de Alejandría, logró establecer la circunferencia de la tierra, la que calculó en ese tiempo en 39.750 km. (el valor real en el ecuador es de unos 40.075 km.), luego desde entonces se sabía que la tierra era redonda, aunque se decía entonces, equivocadamente, que era una esfera.

Hiparco de Nicea (190 aC.- 120 aC.) , matemático y astrónomo, dividió la tierra en meridianos y paralelos, haciendo usuales los conceptos de latitud y longitud e intentó proyectar fielmente la Tierra esférica en un mapa bidimensional. Además fue quien calculó con excelente aproximación la distancia entre la Tierra y la Luna y adoptó el sistema babilónico de dividir el círculo en 360 grados y cada grado en 60 minutos. Fue quien estableció la duración del año tropical en 365 días 5 horas y 55 minutos, fijando la duración del día en 24 horas.

Posidonio de Apamea (135 aC.-51 aC.), astrónomo, geógrafo, historiador y filosofo, en su obra “Sobre el Océano” estableció por primera vez la influencia de las faces de la luna sobre las mareas; hizo otra medición de la circunferencia de la Tierra tomando como referencia la posición de la estrella Canopus, vista desde Rodas y desde Alejandría, estableciendo un valor mucho menor que lo calculado por Erastóthenes y del valor actual. Esto motivó que al elaborar un mapa exageró la extensión del continente euroasiático en dirección este-oeste.

Luego Claudio Ptolomeo ( 100 dC.-170 dC.) nacido en Tolemaida, Tebaida (Alto Egipto), astrónomo, geógrafo y matemático, incluyó en sus mapas paralelos circulares con centro en los polos y,

meridianos convergentes en los polos. Los países lejanos eran Posidonio de Apamea imaginarios pero la zona mediterránea estaba representada con

exactitud.

Con esto queremos dejar establecido que no era posible que para el año de 1.492 se pudiera estar creyendo, como muchos lo afirman, que fuera un concepto generalizado el de que la tierra fuera plana.

Cuál fue la preparación de don Cristóbal en las labores del Mar? Empezó como un marinero común?, y si fue así, cómo y cuándo se convirtió en oficial?

El historiador y geógrafo inglés G.R. Crone sostiene que su inicio no fue como marinero sino como comerciante. Consideremos esa posibilidad; pero aún siendo así, su decidido interés en la geografía y la navegación lo llevaron a aprovechar sus viajes para irse haciendo un destacado aprendiz de las labores del mar. Además en aquella época no era necesario que el comandante de una expedición marítima, fuera el marinero más experto. Por ejemplo, el Duque de Medina Sidonia, quien comandó la Armada Española, nunca antes había navegado.

Pero estudiando las diferentes biografías que sobre él se han escrito, vemos que debido a su constancia, a su obsesión de realizar su idea y a las oportunidades que tuvo de participar en múltiples viajes, había adquirido grandes conocimientos de marinería y navegación Entre sus experiencias de esa época de aprendizaje, como pocos, pudo contar inclusive con la de un naufragio cuando navegaba en un barco genovés hacia Flandes; al salir del Estrecho de Gibraltar, fue atacado por los franceses resultando hundida su nave, siendo él de los contados que logró llegar a nado a las costas portuguesas.

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Así llega a Lisboa, donde se encontraba su hermano Bartolomé, actúa como agente comercial de la casa Centurione. Pasa unos años navegando en barcos portugueses por Irlanda, las Azores, las costas de África y probablemente Islandia. Hacia 1.480 en Lisboa, contrae matrimonio con la hija del anterior capitán general de Porto Santo en Madeira, donde se establece por un tiempo y nace su hijo Diego. Es probable que aquí se dedicara a aprender a leer y escribir las lenguas clásicas, así como a estudiar matemáticas, astronomía y aprender a hablar portugués y castellano.

Cómo se siguen encadenando los acontecimientos que determinaron e hicieron ver la posibilidad de éxito de una empresa que se consideraba en esa época una utopía?

Indudablemente mucho tuvo que ver el acaso y por supuesto la personalidad de don Cristóbal. El acaso, ya que con motivo de su matrimonio se fue a vivir a Madeira, donde tiene acceso a los documentos sobre navegación y viajes que guardaba su suegro, Bartolomé Perestrello. Lee entonces los tratados geográficos escritos por los científicos antiguos que vimos arriba cuando hablábamos de la redondez de la tierra, y toma contacto con los geógrafos de la época.

Establece correspondencia con el filósofo florentino Paolo Toscanelli, (cartas transcritas en la obra ”Vida del Almirante Cristóbal Colón” escrita por su hijo don Hernando), quien le hace llegar un mapa que había elaborado basado en las estimaciones hechas por Marco Polo de las distancias de Asia, con el que quiso interesar al rey Juan de Portugal haciéndole ver las ventajas de organizar un viaje a la China y Japón navegando hacia el oeste.

Crsitobal Colón

Y es entonces, estudiando éste documento, cuando confirma que su idea es

 

plenamente realizable y conoce los términos Antilla y Cipango, que llegan a obsesionarlo. Curiosamente, veamos un gráfico que gentilmente nos hizo llegar el Almirante Mauricio Soto, cuando conversábamos sobre estos temas y que lo obtuvo de una publicación hecha por Exxon con motivo de la pasada celebración de los 500 años del viaje de Colón

Las imágenes amarillas son el mapa original elaborado por Toscanelli. Veamos lo increíble cuando se le superpone América. Si vemos donde quedaría Cipango? Ahí es donde con sus cuatro viajes quiere llegar. Y por eso da vueltas por el Caribe y muere pensando haberle demostrado al mundo la realidad de su descubrimiento cuando en su último viaje llagó a lo que hoy es Honduras.

Según el maestro Germán Arciníegas en su libro “América en Europa”, el otro trabajo que impresionó a nuestro navegante, fue el elaborado en 1410: “Imago Mundi” del cardenal Pierre d’Ailly, rebautizado por los castellanos como Pedro Aliaco. Lo estudió tanto que en las márgenes aparecen de su puño y letra 898 notas; dice el maestro que se convirtió en su biblia y que le sirvió de gran apoyo par convencerse a el mismo y fundamentar sus proyectos en los tratos con los reyes.

En este libro Colón encontró citas de Aristóteles: “Es pequeño el mar que separa a España del Oriente

de la India”, de Séneca: “esa distancia puede ser franqueada en pocos días, con vientos favorables”, de

Plinio: “la navegación del globo de Arabia a las Columnas de Hércules se hace en poco tiempo”. Es por esto que apoyado ahora en el mapa de Toscanelli, se encuentra mas convencido de la realidad de sus cálculos.

No es de extrañar que de esta inspiración, si recordamos que el cardenal dÁilly tenía el título de “ Águila de Francia e infatigable martillo de los herejes”, haya sacado el otro valioso argumento para convencer a la reina: la evangelización de todos los impíos que encontraría a donde iba a llegar

Pero, volviendo a nuestro cuento, vemos que ya tiene un sustento con respaldo científico para luchar por la ejecución de lo que ya no era solamente una idea. Claro que semejante empresa sería irrealizable sin el apoyo de algún rey o príncipe. Es entonces cuando empiezan a destacarse los rasgos de su personalidad. Alguien decía que quienes mueven el mundo son los que tienen una idea fija. Desde entonces, Colón tiene como único objetivo, demostrarle al mundo que tenía la razón y que su empresa tenía que materializarse.

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Llegar, en aquella época a tener audiencias con los reyes, no era algo que cualquiera pudiera realizar, y el lo logró con dos. Primero acude a Don Juan II de Portugal, quien lo remite a una comisión, que rechaza la propuesta alegando que Colón no tenía idea clara del tamaño de la tierra. Recurre entonces a otra corte: la española. Como lo hizo? No está claro, pero el hecho es que el rey y la reina lo reciben por primera vez en Mayo de 1.486. No es un mito que le causó a la reina una fuerte impresión, factor que será decisivo para sus metas.

Ahora su misión es hacer creíble su proyecto para evitar lo que le pasó en la corte portuguesa. Y otra vez los arcanos se manifestaron a su favor. Sus análisis le hicieron ver que si los capitanes no eran partidarios de su idea de poner la popa hacia tierra y la proa al océano era entre otras razones porque la costumbre era navegar siguiendo la línea de la costa, debido a la falta de confianza en los elementos auxiliares de la navegación y al cálculo de la distancia por navegar. La distancia de las Azores al Japón es de aproximadamente 10.000 millas y ninguna embarcación de la época tenía la capacidad de estibar provisiones para semejante recorrido.

REYES CATÓLICOS

Según lo expone Hernando Colón en escrito citado anteriormente, éste tuvo tres razones para convencerse de la posibilidad de su viaje: los fundamentos naturales, la autoridad de los escritores y los indicios de los navegantes.

Es indudable que tenía el absoluto conocimiento de la forma de la Tierra y por eso supuso que rodeándola, era posible llegar a la parte oriental de la India, que era lo conocido entonces, ya que ningún cosmógrafo de la época o anterior, había considerado algún límite terrestre de ese lado de la India, sino sólo el océano. Esta, podemos deducir, fue la razón que lo llevó a suponer que allí era donde había llegado y de ahí el nombre con el que se refirió siempre de Indias Occidentales

No sabemos si intencionalmente o apoyado en los cálculos de Posidonio de Apamea, fue como se las arregló para convencer a quienes le interesaba, que la distancia era la cuarta parte o sea 2.400 millas, que es el espacio del que habla Toscanelli entre la isla Antilla y Cipango. También argüía la esperanza que en el camino a las Indias , antes de llagar a ellas, se encontraría alguna isla o tierra de gran tamaño.

En todo caso, como resultado de la audiencia real, en 1.486 la reina le pide a su confesor, Hernando de Talavera que estudie el proyecto con algunos colegas ilustrados. El estudio se prolonga hasta 1.490 y su veredicto basado en los estudios de Eratósthenes de Cirene resultó, como debía ser, muy parecido al de Portugal: el plan de navegar hacia Asia por el oeste para cualquier persona ilustrada, es imposible, porque el océano es mucho mas ancho que lo que Colón supone. Entonces, Isabel que se encontraba empeñada en la guerra contra los moros en Granada, le responde diplomáticamente que volverían a conversar cuando se terminara esa guerra.

Terminada esta en 1.492, a pesar de las opiniones de los sabios, la reina convence a su esposo para que de todas maneras se le permitiera al hombre intentarlo. Se inician las negociaciones en las que intervienen el tesorero real Luis de Santángel, banqueros italianos y Francesco Pinelli, banquero genovés de Sevilla y se le concede un préstamo a Colón; en Abril de 1.492 se firman las llamadas capitulaciones por las que don Cristóbal obtiene todo lo que había pedido, y se acuerda suministrarle tres carabelas.

La historia de los tres embarcaciones y de los preparativos para el gran viaje ya ha sido contada muchas veces y no es motivo de este escrito. Rematemos estas disertaciones recordando que Palos de la Frontera a regañadientes le entrega dos carabelas y una nao: la Santamaría que se le alquila al dueño. Es en esta que ya el nombrado Almirante va a viajar con su propietario a bordo; era la más grande de

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las tres, con una longitud de unos treinta metros y cien toneladas de desplazamiento. Las otras dos, la Niña y la Pinta no tenían mas que veintiún metros. No se conocen los nombres de ochenta y siete de los miembros de la tripulación: treinta y nueve para la Santa María, veintiséis para la Pinta y veintidós para la Niña. Martín Pinzón capitaneaba la Pinta y su hermano Vicente Pinzón la Niña; sin la ayuda de ellos, personas influyentes en el puerto, probablemente Colón no hubiera podido completar las tripulaciones.

EL SOLDADO QUE SALVÓ LA BASE AÉREA DE

PALANQUERO

Contribución MYIM(ra) Victor Iván Rodriguez Zuleta NA 74-067 Hay personas que con su valentía cambian la historia.

La madrugada del 1 de enero de 1953, se presentó el más atrevido y ambicioso asalto a una base aérea en Colombia, nada menos que la de Palanquero en Puerto Salgar. Esa Base era el corazón del dispositivo de la FF.MM en Colombia y punto donde permanecía el grueso de las aeronaves con que contaba la fuerza pública para combatir a los chusmeros liberales.

Al menos 250 hombres de una columna de las sanguinarias guerrillas liberales de Yacopi-Pto Salgar al mando del “capitán” Ramón Rodríguez, el “teniente” Benito Cely, y el “sargento” Abundio Téllez –los guerrilleros se adjudicaban rangos militares en esa época-, efectuarían el ambicioso ataque que tenía por objetivo el arsenal de la Barrastrera, adjunta a la Base Aérea y sus pistas donde se destruiría o capturarían las aeronaves estacionadas allí. Según un guerrillero capturado, el paso a seguir dominada la Base, era obligar a los pilotos de los AT-6 y P 47 que volaran sus aparatos acompañados de un rebelde en la cabina, y atacaran el palacio de los presidentes en Bogotá. Su planeación se había hecho con el comité nacional de coordinación liberal y su éxito hubiese implicado un golpe al corazón del gobierno central. Según los testimonios de muchos chusmeros, ellos “Contaban con apoyo al interior de la Base, en donde habían organizado una guardia proclive a ellos”. Una fuerza de combate de 250 hombres se agrupó para el asalto, y 160, que se decían los más veteranos y experimentados formarían la primera línea de asalto; el resto quedaría en reserva. El ataque debía efectuarse a medianoche, cuando los soldados estuviesen en plena celebración y los guerrilleros con la colaboración de algunos centinelas, pudieran ingresar sin dificultades y posicionarse para el ataque definitivo. El santo y seña era aguardiente. Los chusmeros también conocían los puntos estratégicos de la Base, y la casa fiscal donde dormía el Mayor al mando. El lugar era defendido por tropas de la compañía terrestre de la Fuerza Aérea al mando del Mayor Medina, pero en las horas anteriores este se había retirado a Bogotá, por lo que Palanquero quedo bajo responsabilidad del Capitán de Aviación Jorge E. Zapata. Por otro lado, en la Base estaba en misión de inspección, el Teniente Coronel Eduardo Escandón Comandante de la Fuerza Aérea.

A la media noche del 31 se iniciaron las celebraciones de fin de año en Palanquero, momento señalado en principio para ejecutar la acción, pero dice el guerrillero Fabio que, “por andar bebiendo llegaron al sitio después de la media noche, cuando los guardias amigos ya habían sido relevados por otros que ni estaban al tanto, ni compartían el asunto.” A las 02:30 las tropas pasaron al descanso y los oficiales se retiraron a sus casas con sus familias.

Un hecho baladí alertó a las tropas, antes que los guerrilleros alcanzaran la infiltración completa en el perímetro. El Soldado Libardo Ortiz, que estaba de centinela en el puesto 8 del área de la planta eléctrica, había salido a orinar, cuando observó, que entre la maleza había varios hombres acostados en el suelo con sus fusiles, apuntando al recinto de la base; Ortiz hizo como si estuviera borracho y trastabillando regreso a su casamata, con la intención de tomar su fusil y dar la voz de alarma. Los rebeldes cortaron el teléfono y el telégrafo y luego se infiltraron en la planta eléctrica donde mataron a machete al encargado del generador, Suboficial Técnico Jorge Eliécer Michaels, mientras tomaban otras garitas del sector norte. Ortiz corrió al puesto de mando del Capitán Zapata informando que gentes armadas habían penetrado por el sector norte en actitud hostil, y que habían asesinado a varios militares. Además, otros hombres se habían posicionado alrededor de la casa fiscal del Mayor Medina –que estaba ausente- para acribillarlo cuando saliera a responder la agresión.

Mientras eso pasaba en el sector norte, otro soldado del puesto 4, ubicado al oriente de la base, cerca de los depósitos de gasolina, Luis Martínez informaba al Capitán Alfonso Barragán, Comandante de las tropas de la compañía terrestre de la FAC, que también por ese flanco se aproximaban hombres armados que mataron al Soldado Carlos Mazo, pasaron sobre su cadáver y buscaban ahora llegar al cuartel de la compañía terrestre.

El Capitán Zapata con el Soldado Ortiz y otro personal salió en un jeep hacia el frente norte donde se dio cuenta de la situación, mientras Barragán en el cuartel de la compañía terrestre da la orden de levantar el personal y repartir munición, mientras envía un Cabo con 6 soldados como vanguardia al lado oriental. Hacia las 3 se produce fuego cerrado en el cuartel de la compañía terrestre. El tiroteo se generalizó con rapidez, en medio de la sorpresa para muchos elementos de la Base, medio dormidos todavía, que corrieron a sus puestos de defensa, mientras se daba la alarma por el ataque con el toque de la corneta. Los rebeldes hostigan el cuartel de la compañía terrestre, la cocina y los dormitorios,

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disparando contra los soldados que se amunicionaban y causan varios heridos, mientras el Coronel Escandón con línea de tiradores se despliega hacia el flanco sur de la Base, previendo un ataque desde Pto Salgar. Pero hubo un error de los guerrilleros, y estos no atacaron desde el sur. Eso liberó fuerzas para el combate.

Como el ataque por el sur no se había producido, el Coronel Escandón ahora dirigía la contraofensiva desde dos flancos. Uno de los frentes estaba comandado por el Teniente Rafael Pinto quien progresa hacia el norte, donde seguía resistiendo el Soldado Ortiz, quien mató al hombre que esperaba frente a la casa fiscal del Mayor Medina. Otros uniformados resisten a su lado desde puestos aislados y queman tiro a tiro contra los guerrilleros, esperando el resto de refuerzos. A las 3.45, las tropas de Pinto alcanzan la planta eléctrica donde había resistido media hora el Suboficial Técnico Antonio Tavera.

El otro grupo dirigido por el Capitán Barragán, logro repeler el asalto proveniente del oriente: sus líneas de tiradores ahora avanzan aprovechando el terreno y maniobrando bajo fuego acertadamente. Y vienen los refuerzos. Hacia las 4.20 el Teniente Ricardo Nanclares llegó con un grupo de policías de la Dorada sumándose a la persecución de los asaltantes que se batían en retirada. 10 minutos después, el Teniente de Caballería José Rosario Hernández, Alcalde Militar de Pto. Salgar llega con más hombres desde esa población. Ahora, los guerrilleros se retiran del sector, moviéndose por la pista hacia el norte dejando tiradores en cubierta para cubrirse. Pero Nanclares persigue a los rebeldes por la pista, limpiando el terreno de la Base, y a las 4.50 despejada la misma, despegan los primeros aviones en misión de patrullaje al mando de los Tenientes Rafael Pinto y Alfonso Morales en dos AT-6 para hacer reconocimiento y orientar a las tropas. Un guerrillero caucano, Juan Rodríguez es capturado en plena batalla, mientras el resto se bate en retirada. Sobre la pista y los alrededores de la base quedan al menos 24 cadáveres; entre los muertos estaba Benito Cely, veterano jefe guerrillero de Pto Salgar.

Cuenta el padre Enrique Pérez Arbeláez, capellán de la Fuerza Aérea: “ya con la luz y temiendo el tiroteo pudimos reconocer los campos cercanos a las casas de la Base y ver lo que a los asaltantes había sucedido. Cadáveres aislados, otros en nidos en medio del pasto guinea, desangrando litros, muchos con la tapa de los sesos volada… en estratégico al pie de la casa del Comandante de la Base yacía el cuerpo de uno que parecía jefe entre los bandoleros. Acababa de rasurarse. Calzaba botas una de las cuales estaba amarrada con una cabuya, vestía chompa impermeable, tenía puestos guantes finos de cabritilla y en la muñeca derecha una esclava de plata, pero sin nombre. Sin duda que, con esos arreos, quería adquirir categoría de jefe”.

A las 5:20 la Base está de nuevo asegurada y un pelotón al mando del Capitán Barragán, emprende una labor de limpieza del perímetro exterior, partiendo del sector de la hacienda San Cayetano. El día 2 de enero, regresan con 124 prisioneros, después de fusilar a varios chusmeros que encontraron en la región -algo común en la época-.

Durante el fallido asalto a Palanquero perecieron el Suboficial Técnico José Edgar Michaels, el Marinero Jesús Herrera y 5 soldados ascendidos de forma póstuma a Cabos Segundos: José N. Peña, Jesús N. Ospina, Carlos A. Mazo, Oscar de Jesus Sánchez y Juan Clímaco Contreras. Marinero Primero Jesús Herrera. Hubo también 3 heridos.

*Honor y gloria a los valientes*

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Nº 230

UN POCO DE HISTORIA DEL PACÍFICO

Contribución MYIM(ra) Victor Iván Rodriguez Zuleta NA 74-067

El portaaviones de escolta USS Anzio (CVE-57) parte de la Task Force 38 en mar gruesa durante el tifon Cobra, Océano Pacífico, el 17 de diciembre de 1944. Un Grumman TBF Avenger es visible a la izquierda y un Grumman F4F Wildcat en el extremo más alejado de la cubierta.

El 18 de diciembre de 1944, la Task Force 38 norteamericana se encontró en medio del peor tifón que azotó el Pacífico en aquellos años. La TF 38 constaba de siete portaaviones de flota, seis portaaviones de escolta, ocho acorazados, 15 cruceros y unos 50 destructores. Los portaaviones habían estado realizando incursiones contra los aeródromos japoneses en Filipinas, y los barcos estaban siendo reabastecidos, especialmente muchos destructores, que se estaban quedando sin combustible. Cuando la tormenta golpeó, el procedimiento tuvo que ser abortado.

Cuando se formó el tifón Cobra, la Task Force se encontraba escoltando al Grupo de Abastecimiento de Combustible de la 3° Flota de EEUU en las Filipinas y como consecuencia de la furia de la naturaleza los destructores USS Hull (DD-350), USS Spence (DD-512), y USS Monaghan (DD-354) se hundieron. La flotilla se dirigía a Mindoro.

Las olas de 21 metros de altura zarandearon a los buques como si fueran de juguetes escorándolos hasta 70 grados. El agua entró por los ductos de ventilación inundando las salas de máquinas y finalmente los buques se volcaron pese a los esfuerzos por mantenerlos perpendiculares al viento y las olas.

Otros 28 buques de diferente calado resultaron seriamente dañados. Se perdieron 146 aviones que fueron barridos de las cubiertas de los portaaviones ligeros y de escolta USS San Jacinto, USS Monterrey y USS Althama, entre otros. En las cubiertas inferiores los aviones fueron llevados de una banda a la otra, meintras las naves escoraban hasta 42 grados. En el portaaviones de escolta USS Monterrey estalla el fuego por el combustible derramado. Acudieron al rescate de los náufragos los destructores USS Tabberer, USS Dewey, USS Swearer y USS Gatling que pudieron rescatar a 92 marinos.

Ese día 18 de diciembre de 1944, murieron 790 tripulantes, de ellos 202 eran del Hull, 256 del Monagham y 317 del Spence. Además otros 80 marinos resultaron con heridas graves. Del USS Monaghan se salvaron 6 tripulantes, 23 del USS Spence y 63 del USS Hull.

Ante la pérdida severa de hombres, barcos y aviones se convocó a un Tribunal de Investigación, la que encontró que Halsey había cometido un error de juicio al navegar con la Tercera Flota hacia el corazón del tifón, pero no llegó a recomendarse una sanción. El tifón Cobra, también es conocido como el tifón de 1944 o el tifón de Halsey.

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Nº 230

COLOMBIA ANTE EL FALLO DE LA CORTE DE

LA HAYA

Vicealmirante (RA) Luis Fernando Yance V. / Ex comandante de Infantería de Marina (2002-2006),

Cofundador Cuerpo de Guardacostas de Colombia (1979)

I.ANTECEDENTES

En anteriores escritos he señalado que el fallo emitido por la Corte de la Haya o Corte Internacional de Justicia (CIJ) en el caso de Colombia en noviembre de 2012, desconoció en forma tajante posesiones vinculadas al territorio nacional. Con lo anterior ignoró varias razones que eran históricas, una de ellas, la Costa de Mosquitos o Mosquitia que eran de Colombia y desde 1822 nuestra nación había reclamado como posesión suya estos territorios. De allí nació la necesidad de ponerse de acuerdo con Nicaragua y se estableció el Tratado para reconocerle a Nicaragua la soberanía sobre la costa de Mosquitos y, a su vez Nicaragua le otorgaba reconocimiento soberano a Colombia sobre el archipiélago de San Andrés y Providencia, el cual fue ratificado por ambas naciones por sus respectivos Congresos. Se le olvidó a la Corte de la Haya que en el Tratado con Nicaragua (1928), Colombia terminó aceptando que la costa de Mosquitos sería de Nicaragua, que es ni más ni menos la costa que hoy tiene Nicaragua en el Mar Caribe. Es decir, el fallo de la CIJ en el 2007 (13 de diciembre) en la cual se reconoce que el archipiélago es de Colombia, no se debió considerar ya que estaba expresamente en el tratado, y así fue ratificado y en Colombia nos llenamos de júbilo, básicamente lo que hizo la Corte era darle la razón a Colombia que el tratado era válido.

Lo más aberrante es que Nicaragua en su primera demanda ante la CIJ, alegó la invalidez del Tratado Esguerra-Bárcenas, argumentando que en esa época el país estaba ocupado por los Estados Unidos. Nicaragua posteriormente cambió su posición y ya no era el tratado, era el archipiélago que le pertenecía. Así las cosas, no se debió aceptar esta demanda porque el país centroamericano cambiaba su demanda inicial por una nueva de acuerdo con los acontecimientos y la CIJ aceptó en forma errática la nueva demanda presentada por Nicaragua el 6 de diciembre de 2001, algo insólito.

El 27 de noviembre de 2012 el presidente Santos denunció el Pacto de Bogotá, significando con ello que quedamos fuera de la jurisdicción de la CIJ un año después, es decir el 27 de noviembre de 2013. Sin embargo, Nicaragua hábilmente demandó a Colombia antes de cumplirse la salida de Colombia el 16 de septiembre de 2013 y “pide a la Corte determinar el curso preciso del límite de la plataforma continental entre Nicaragua y Colombia de acuerdo con los principios y reglas del derecho internacional, e indicar los derechos y deberes de los dos Estados en relación con el área de reclamos superpuestos y el uso de los recursos mientras se efectúa la delimitación precisa de o trazado del lindero”.

Es de anotar que un estudio de Alberto Lozano Simonelli de la Universidad Javeriana y de la tesis central del doctor internacionalista José Joaquín Caicedo Demoulin manifestaban que la CIJ carecía de jurisdicción y competencia (ratione materiae) de conocer reivindicaciones territoriales y delimitaciones marítimas y que el estatuto de la Corte es para “divergencias jurídicas” y en cuanto a tratados solo le permite su interpretación. Por lo anterior la Corte también se equivocó al establecer un “diferendo limítrofe” que no existía porque estaba de por medio el tratado “Esguerra - Bárcenas”, un acto jurídico perfecto colocado bajo la égida del derecho internacional, que no puede ser modificado por ninguna autoridad y bajo ningún pretexto, señalaba Lozano Simonelli en su obra “Internacional Law”.

En mi concepto la CIJ en su fallo de noviembre de 2012, modificó el tratado vigente con Nicaragua, se extralimitó en sus funciones y entregó territorio jurisdiccional a Nicaragua con el agravante que dejó secuelas enormes en los tratados marítimos con Jamaica, Honduras y Panamá permitiendo la puerta abierta para que Nicaragua pretenda obtener más territorio para explotar el suelo y el subsuelo que le entregó la CIJ y aspirar extender su plataforma continental de acuerdo con su última demanda de 2013.

II.CAMINOS PARA SEGUIR

1.Ante la avalancha de Nicaragua de obtener espacios acuáticos y de frenar su apetito desmesurado en el Mar Caribe, es continuar con la demanda de reconvención que hizo Colombia y de las cuales dos de ellas fueron aceptadas el 17 de noviembre de 2016 y que están reguladas en el artículo 80 del Reglamento de la Corte y son:

La primera hace referencia que Nicaragua ha impedido a los colombianos raizales de pescar como lo habían desarrollado por más de 100 años hasta la sentencia de noviembre de 2012. Este argumento lo encuentro sólido ya que la CIJ en el fallo sobre el río San Juan entre Costa Rica y Nicaragua defendió los derechos de este tipo de realizar sus actividades de pesca sin importar si se tratare de aguas de otros países en lo atinente a pesca artesanal. Un punto de encuentro que el gobierno colombiano debe actuar en forma inmediata es la de organizar la pesca artesanal con miembros de la región con apoyos sustanciales para generar emprendimiento empresarial en este aspecto y es la coherencia de reclamar algo, protegerlo y potenciarlo. El enclave de Quitasueño y Serrana solo generan mar territorial. En buen romance en estos dos

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islotes hay una dificultad de entrar por el coral y arrecifes existentes, la pesca se encuentra más allá de las 12 millas, puede significar que este “enclave” es una jaula que la Corte le coloca a Colombia sin poder salir de allí y sin poder explotar los recursos que le quitaron en estas aguas jurisdiccionales.

Demandar con vehemencia y en forma técnica, si las líneas de base de Nicaragua fueron trazadas de acuerdo con la CONVEMAR. Las líneas de base recta para medir la anchura del mar territorial, la Zona Económica Exclusiva (ZEE), la Zona Contigua (ZC) y la Plataforma Continental (PC), cuya línea de base es la línea de baja mar, y es el principio de medir estos espacios marinos. Nicaragua lo hizo trazando líneas de base recta, contrario a lo reglamentado por la Convención del Mar. Hay que recordar que la CIJ en el fallo de noviembre de 2012 enclavó a Quitasueño y Serrana en un círculo de 12 millas por ausencia de puntos de base de estas dos islas. Con la sentencia entre Catar y Baréin efectuó su sentencia también basados en las líneas de baja mar. Hay un argumento robusto para inferir que el mar territorial, ZEE, ZC, PC están mal delimitadas por parte de Nicaragua de acuerdo con estos conceptos y así falló con estos protuberantes hechos. La línea de baja mar es el principio general cuando la costa no es muy accidentada.

2.Estamos a solo dos años para que el fallo de la CIJ quede ejecutoriado (19 de noviembre de 2022) y, no hemos encontrado en estos 8 años un “hecho nuevo” para solicitar la revisión de la sentencia como así lo determina el artículo 61 de los Estatutos de la Corte. Podría determinarse un hecho nuevo si Colombia tienen los argumentos científicos, morfológicos, geológicos, de geomorfología, oceanográficos de que el archipiélago es una masa uniforme sumergida, y probar que es un conjunto de islas de origen volcánico, con grandes riquezas que al dividirlas generan un cambio ambiental con grave daño a la fauna y flora de este espacio acuático.

3.De igual manera para complementar la Reserva marina del SEAFLOWER, ubicada en el archipiélago de San Andrés, fue declarada por la UNESCO, en el año 2000, como la Reserva de la Biosfera más grande y diversa del mundo y, con el fallo Colombia y esta Reserva queda sin la protección suficiente y es amenazada por Nicaragua por prevalecer el desarrollo económico representado en la exploración y explotación de hidrocarburos y la construcción de grandes obras de infraestructura como lo es la intención de erigir el megaproyecto del canal de Nicaragua, vulnerando los derechos del medio ambiente, su vida marina y la conservación de esta importante Reserva de la humanidad, además que acarrea grandes perjuicios al archipiélago de San Andrés y Providencia. La intención perversa de Nicaragua era esa y el Tribunal de la Haya se plegó a las circunstancias sin tener en cuenta esta gran Reserva. Acá, la admisión de una demanda de Colombia ante las Naciones Unidas es sugerente y, en forma prioritaria y no quedarnos cruzados esperando que el fallo cumpla los 10 años y, no hacer nada.

4.Otra opción es no aceptar el fallo de la CIJ porque van en contravía de los intereses nacionales supremos del Estado colombiano porque generan un rompimiento a la tradición y a los derechos históricos de la nación colombiana sobre estas aguas jurisdiccionales que le han sido entregadas a Nicaragua, cuando eran antes de Colombia y se superaron llevando a cabo un intercambio de reconocimientos en el Tratado firmado en 1928 y ratificado por ambos países en 1930 (Esguerra- Bárcenas). No obstante Colombia seguirá comprometida en llevar a un acuerdo con Nicaragua para establecer buenas relaciones en el Mar Caribe. Para complementar este argumento es sugerente llevarlo a un procedimiento jurídico por el que se somete a votación popular por medio de un plebiscito para aceptar “Si” o “NO” el fallo del tribunal de la Haya y no dejar tanta responsabilidad histórica a un gobernante y, con la posibilidad de seguir perdiendo territorio que es considerado “espacio vital” para la supervivencia de las nuevas generaciones.

III.CONCLUSIONES

Colombia ha perdido en su vida republicana el 54 % de su territorio, por no mantener posiciones fuertes ante las ambiciones de los países limítrofes, en otras sin tener argumentos creíbles y cedemos en bandeja nuestro territorio como ocurrió en noviembre de 1952 con la entrega de Los Monjes a Venezuela y que nos tienen hoy sumidos en una problemática de más de 50 años con este país. Es el momento de la defensa de los intereses nacionales y de la soberanía e integridad territorial como lo demanda la Constitución Política de la nación, no hacerlo es ser inferiores a la responsabilidad dada por el constituyente a su autoridad soberana. Es conveniente continuar con las contrademandas presentadas por Colombia y aceptadas por la CIJ en noviembre de 2016, y coadyuvar para que el gobierno nacional genere inversiones en la pesca artesanal para el sustento de los raizales y favorecer el turismo a nivel mundial como un nuevo renglón económico en el archipiélago. Hay más de 10 países que no han aceptado los fallos de la CIJ por encontrarlos lesivos a sus intereses nacionales, en la región tenemos a Argentina como un buen ejemplo de ello.

Lo peor del miedo…es que te derroten sin luchar”. Joaquín Lorente

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