Cyber-Corredera N° 201

De:

Enfermero Pinto <enfermero@cybercorredera.com>

Enviado el:

Viernes, 26 de Enero 2018 06:20

A:

Enfermero Pinto

Asunto:

CYBER-CORREDERA N° 201

17AÑOS UNIENDO LA FAMILIA NAVAL

Apreciada Familia Naval:

Para reiniciar la publicación de nuestra consentida y requerida CYBER-CORREDERA, fusilo el editorial publicado en la edición N° 100, escrito por el Enfermero Pinto, al haber expresado con inspiración y afecto el propósito de elaborar y difundir este informativo virtual, el cual se irá actualizando y modernizando de acuerdo con los requerimientos de la Familia Naval.

La fuente más fecunda de emociones intelectuales es el recuerdo. Pero las evocaciones influyen de manera diferente de acuerdo con los temperamentos, sobre todo en estos tiempos, cuando se vive una completa anarquía espiritual, donde todo ocurre y todo pasa como el amor, el dolor, la alegría, menos lo que tenemos en la mente.

Quienes pasamos por la Escuela Naval, vivimos una juventud subordinada a una rígida disciplina pero la combinamos con la bohemia sentimental. Largas jornadas de estudio, estresantes horas de orden cerrado, exigente y dura vida militar, se matizaba con el compañerismo y la solidaridad que en las horas de franquicia se alternaban liberando nuestro espíritu al brindar con los compañeros, consumir viandas apetitosas y disfrutar los placeres mundanos reprimidos, hasta agotar el giro mensual enviado por nuestros padres. Lo que caracteriza a la juventud es el exceso y la prodigalidad. Pero, cada uno de nuestros superiores, compañeros y subalternos ha sido una estación en el viaje de nuestra vida. A ellos debemos gran parte de nuestra formación física, intelectual y social. Ese es el objetivo y la misión permanente de la Cyber- corredera: mantener esos lazos, evocar los minutos felices y lograr el apaciguamiento de las pasiones que se gestaron cuando se vestía el uniforme naval.

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La principal ambición es convertir los recuerdos en artículos. No abundan investigadores pacientes pero sí narradores amenos. Más que otra disciplina y cualquier literatura, la memoria es un taller, una industria intelectual y cada contingente naval aporta a la historia de nuestra Armada un capítulo nuevo.

Cuando recapitulo mi entusiasmo y grato trabajo realizado desde el año 2001, para producir, editar y enviar con éste, 201 informativos virtuales, me asombra el apoyo y la acogida que Cyber-corredera ha logrado en la Familia Naval Colombiana. Tan difícil como fue dejar algunas tareas de mi vida familiar y profesional, para realizar este oficio, me fue fácil, sencillo y grato despertar el interés de mis compañeros del Contingente 38 que, sin esfuerzo, se transmitió a todos los miembros activos y retirados de la querida Armada Nacional, encontrando siempre respuesta calurosa y una extensa nómina de colaboradores.

En este alegre atardecer de mi vida, nada de lo que se ha realizado en Cyber-corredera se puede adjudicar o atribuir exclusivamente a mis capacidades o méritos, ni siquiera en parte primordial. Es el fruto de muchas ideas, permanente acompañamiento, estímulo y valiosas colaboraciones de un sinnúmero de personas, que con probada eficacia, han permitido que con esta edición, después de 17 años, se llegue al número 201.

Como corredero que fui cuando estuve en la Escuela, recuerdo las tardes azules y las noches de claridad estelar, que teníamos en aquel refugio de la Corredera, con Ernesto Cajiao, Rubén Combaríza, Ricardo García Bernal, Gabriel Vélez Ordóñez (QUEPD) y otros cuya imagen y nombre, con los años, se han esfumado de mi frágil memoria, donde elucubrando artículos para ese anuario naval, adquirimos riqueza sintáctica y variedad idiomática que luego, unos en la vida militar y otros, como el suscrito, en la civil, nos permitieron describir los estados del alma, los sentimientos y afectos, los abatimientos y exaltaciones para terminar dedicados a investigar y escribir sobre historia, como lo ha hecho con dedicación y éxito el hoy respetado y muy leído Capitán de Navío Ricardo García.

No puedo terminar esta manifestación de agradecimiento a todos los miembros de la Familia Naval Colombiana y a los apreciados señores oficiales que, a lo largo de diez y siete años, amablemente han dado brillo a este significativo logro, con sus elocuentes escritos, mensajes, fotografías, sin expresar la satisfacción y orgullo que me embargan el haber recibido el reportaje para esta singular edición del señor Almirante Ernesto Durán González, actual Comandante de nuestra Marina de Guerra y los significativos y gratos mensajes enviados por muchos oficiales navales.

No puedo dejar de reconocer el entusiasmo y dedicación del señor Teniente de Fragata Francisco Rodríguez Aguilera, quien, desde Alemania, donde reside, con su habilidad y conocimiento permitió a la Cyber-corredera tener página WEB, además de ser Cyber-editor del actual medio y del Coronel IM José Ramón Calderón Zambrano (compañero de contingente, camarada y amigote) aplicado y eficiente Cyber-corresponsal en Cartagena.

El día de hoy es de fiesta para este modesto servidor agradecido. Elogios, apología, ponderaciones y demás inmerecidas referencias de quienes en sus amables artículos y mensajes han hecho del suscrito, me obligan a seguir contribuyendo con el mismo entusiasmo y dedicación, servir a la Familia Naval, con este informativo virtual y con otras cosas que vayan surgiendo para mejorar y ampliar el servicio. Por último, deseo agradecer a mi querida esposa Gladys, su paciencia y permanente ayuda para elaborar, corregir, editar y enviar la Cyber-corredera.

Mil gracias

Jorge Serpa Erazo- 38-082

ENFERMERO PINTO

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Informativo virtual

 

 

Unidos por el mar

para integrar la familia

Enero 2018 - N° 201

 

y exhaustos por

naval colombiana

 

el último poste

www.cyber-corredera.de

 

Director: Dr. Jorge Serpa Erazo • Editor: Dr. TFES(ra) Francisco Rodríguez Aguilera

 

mailto:enfermero@cybercorredera.com

 

EN ESTA EDICIÓN:

EDITORIAL BAJO EL LEMA:

ANTE TANTA INSISTENCIA Y TAN POCA RESISTENCIA

Después de publicar la edición N° 200 los mensajes por WhatsApp, Messenger y Email acompañados muy seguidamente por llamada telefónica fueron innumerables. Jorge ya no podía salir ni a la esquina sin que las preguntas y miradas acusadoras no aparecieran en cada cara conocida y Chepe ya no podía ni ir ni al Club Naval por los mismos motivos. A mí - por eso de la distancia solo me llegaban mensajes a horas de estas latitudes bien nocturnas.

Hablamos y nos dejamos llevar por nuestra apasionado hobby. Desde un comienzo nos hace mucha satisfacción “construir” una vez al mes la Cyber-Corredera. Leer los artículos que todos ustedes mandan, discutir el orden y mantener una línea en la lectura, corregir de vez en cuando la una u otra frase, formatear las fotos, buscar el mascarón de proa (tarea exclusiva del director por aquello de la importancia), ¿qué música le ponemos esta vez?, en fin una gran cantidad de tareas que paralelas a las tareas administrativas de producción y mantenimiento nos llenan de alegría cuando llega el momento de mandar la Cyber-Corredera.

Todo esto lo hacemos completamente sin ningún interés fuera de la idea de integrar a la Familia Naval Colombiana. Todos los gastos de Software, Dominios, equipo en general los copamos nosotros mismos, sin ayuda de ninguna institución, de esta forma logramos ser auténticamente independientes y neutrales en todo sentido. Sin embargo necesitamos el apoyo ideológico de la Familia Naval que es la que nos da fuerza para seguir adelante.

¡Los mensajes recibidos (en la sección Correo de la ARC Lulú) son un gran incentivo para seguir adelante!

¡Muchísimas gracias! y PAPA MIKE!

El equipo de la Cyber-Corredera:

 

 

38-082

38-004

74-065

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CYBER-ENTREVISTA AL SR ALMIRANTE

ERNESTO DURAN GONZÁLEZ,

COMANDANTE DE LA ARMADA NACIONAL

Bogotá D. C. Diciembre 29 de 2017

-Cuéntenos cómo fueron sus primeros años, su niñez, adolescencia y vida familiar

Fueron años tranquilos. Como los deseables para toda la niñez de Colombia. Vida en familia. Vida de pueblo, lenta, cercana, cálida, con acontecimientos o problemas especiales, que a la luz de los problemas de hoy, esos no serían problemas. Mucho deporte. Muchos amigos que crecimos sin los límites del cemento y los peligros de las grandes ciudades. Silvestres, libres. Pioneros de lo que sin saberlo, luego serían importantes empresas.

Vida de familia con preocupaciones colectivas como sociedad y nación santandereana. De amigos que disfrutaban sin límites la mejor gastronomía del planeta. Vida de los primeros amores. De fiestas por cualquier motivo. Vida sana. Vida de conversar mucho en la plaza del pueblo, y en clase, y en recreos, y en paseos. Se conversaba mucho. La tertulia era la constante. Vida sin tanta tecnología. Vida de conocer por primera vez una calculadora. Vida de esperar el circo y los campeonatos en el coliseo. Vida de “mamadera de gallo”. Vida feliz.

-¿Cual su primer contacto con la Armada Nacional? Aunque lo natural es que fuera la comisión de reclutamiento en Bucaramanga, creo que realmente fue cuando llegue a la Escuela Naval. La verdad en Sangil no tenía como saber mucho de la Armada. Solo había (o al menos no supe de otros), un par de amigos, hijos de los

amigos de mi padre, Marco Joaquín Márquez, (el Mono Márquez), Guardiamarina para finales de los 70´s, y Julio Vargas, Cadete naval para la misma época. Con quienes por ser mayores y de cursos superiores, no tenía la familiaridad como para saber de sus vidas. Tenía poco contacto con temas navales.

Afinando un poco, el primer contacto fue en Bucaramanga con la comisión de reclutamiento de la Armada. Un oficial acompañado de una sicóloga muy bonita y gente amable que me mostraron fotos del ARC Gloria y alguna breve inducción a la vida naval, que claramente era imposible asimilarla en su plena magnitud.

-¿Qué lo motivó ingresar a la Armada?

Creo que la obstinación, sumado al espíritu de aventura, y a la fascinación por lo desconocido y a que el Ejército no me recibió. Trataré de explicar. Cuando llegó la comisión de reclutamiento del Ejército, y por razones que luego supe, fueron “razones profanas y humanas”, no fui aceptado. No tuve nada que ver. Me declaro inocente. Mi padre tenía una enfermedad terminal y ahora entiendo que mi madre no quería mucho que yo me fuera de la casa, más aun siendo el único hijo varón y que medio podría ayudar en los negocios y finca de mi papá, cuya despedida eterna era para ella previsible. Insisto que iba a entrar al Ejército, adonde todos o la mayoría de los amigos del colegio se presentaron y pasaron, pero a mí no me aceptaron.

Yo quede con la incomodidad de saber que siendo apto, no me hubieran aceptado. Entonces supe por “chisme de muelle”, que había llegado a Bucaramanga la comisión de reclutamiento y que no iba a San Gil. Entonces viajé a la capital y me presente sin decirle a nadie en casa.

Volviendo a la pregunta anterior, debo decir que encontré una substancial diferencia entre el esquema de reclutamiento (de esa época, valga aclarar que hoy es diferente) del Ejército, en el pueblo, con un sargento dando gritos en un coliseo caliente, y todos los casi bachilleres, futuros conscriptos, en fila, descalzos, sudando, en calzoncillos, en exámenes médicos colectivos, auscultando todo lo que hasta ese momento nadie, con excepción de alguna dama osada, había palpado; y lo que fue en Bucaramanga, con el oficial en uniforme blanco, y la guapa sicóloga referida en la pregunta anterior, y en unos exámenes, los mismos que en coliseo, pero diferentes en su mecanismo de privacidad y forma de hacerlo.

Bueno, ya después lo que vino fue un telegrama donde me aceptaban en la Armada, claro, yo era apto y sin influencias… jajaja. Creo que conservo el telegrama. Ya lo demás que ocurrió en casa, hasta que

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me fui para Cartagena, es como para una película, como para escribir un libro, pero es harina de otro costal, pero que recuerdo con mucha nostalgia y cariño eterno.

-¿Cómo fue su ingreso a la Escuela Naval de Cadetes?

Creo que estándar para la época. Nos recibe en el aeropuerto un sujeto uniformado en colores inusuales para mí, a quien después llamaríamos “guardiamarina”, con unas carpetas y sobres de manila en la mano, preguntando nombres y guiándonos a unos buses grises calientes, que nos llevarían a la “tierra prometida”: La Escuela Naval.

Al bajar y llegar a ese paraíso desconocido, lo mismo. Otros sujetos que se apellidaban genéricamente “brigadieres”, gritando nombres y entregando unas bolsas para dejar la ropa civil, con la promesa que sería devuelta después, lo cual jamás pasó y jamás supe el destino final de esas 225 mudas de ropa del contingente original.

Una fila para pasar por la peluquería al inicio del proceso del “cambio extremo”, y luego una entrega de uniformes cuya talla claramente no coincidía con lo que se había escrito en unos formatos eternos, en cuyo reclamo de tallas, se recibía una respuesta de “de malas recluta, a donde cree que llegó, al ¿hotel mamá?… bienvenido a la Marina…!! Corra y para (del verbo parir) su talla…!!!. 22 de pecho.

Fueron varias expresiones nuevas para la mente del bachiller, que debían ser asimiladas en su justa medida, pero es tiempo después cuando se comprende el significado alcances de la palabra “parir”, “de malas”, “a tierra”, “vuelta al polígono”, “polígono” (conviene aclarar que polígono hasta ese momento era una figura geométrica cuyas características se aprendían tal vez en 4to de

Bachillerato).

-¿Qué sintió el primer día de recluta?

Mucho calor. Ropa gigante con zapatos apretados. Muchos gritos. Interrogantes al no entender porque la gente “antigua” caminaba en línea recta alzando los codos a 90 grados y alguien detrás hilladillando (palabra aprendida esa misma tarde de un repitente) pero que debía ser “ladillando”, verbo activo de la actividad de la “ladilla”.

Sed, mucha sed y hambre. Desconcierto por no saber hablar, pues cualquier pregunta era reprendida con “así no se dice recluta” se dice “permiso para hablar mi guardiamarina, una solicitud …”. Permiso para hablar. ¿Acaso no se puede hablar? No gorila, cuando sea humano habla.

Pero también sentí que llegue a un sitio donde todo está organizado y para cada cosa alguien tenía una respuesta (incomprensible aún) pero alguien tenía la respuesta y algo tenía a su cargo y responsabilidad. Cuando siempre hay alguien que responde sistemáticamente por algo, es que hay organización. Nadie estaba desocupado.

Sentí también que el más bravucón ante nosotros los reclutas, era una gelatina trémula ante el guardiamarina o el alférez, y este con figuras geométricas negras y líneas doradas en su brazo, era un manojo de nervios ante el teniente que usaba pistola y un trapo negro que forraba el brazo, llamado después “la blonda”… y luego a este gritón y joven oficial le temblaba la voz en temor sumiso, ante otra “blonda” mayor con más letras en su brazo y que portaba un Capitán, … y seguramente en progresión geométrica de miedo creciente hasta el Director a quien conocimos tiempo después, y quien nos inspiró solemne respeto. Creo que entendí algo importante sin saber en ese momento su significado. La antigüedad.

-¿Cuándo Plinio le hizo el primer corte de cabello se sintió trasquilado?

No fue Plinio. Ese era de otra época. Ya no creo que estuviera. Pero había otro personaje legendario. Cantillo. Peluquero famoso quien luego se embarcara en el ARC Gloria para el crucero a Oriente cuando ocurrió lo del supertifón en 1983, además con anécdotas geniales por cuenta del peluquero, ácido y costeño ruidoso en tierra pero blando y silencioso en el mar.

Y la respuesta es Si, Cantillo me trasquiló, el trasquilaba a propósito, su antigüedad se lo permitía, era un “lobo de peluquería”, áspero y mandón con los reclutas en el trono del peluquero, pero dulce y sumiso con los oficiales del batallón.

Entendí también como era que funcionaba el sistema, por donde le entraba el agua al coco. Cantillo fue el primer golpe de ariete en la fluida transformación de civil a militar, y en la nueva realidad de la tierra prometida, la entrañable Escuela Naval.

-¿Cuál es la anécdota que más tiene presente de la ENC?

No sabría. Muchas. Muchísimas. Creo que todo eran anécdotas. Las convencionales propias de la tradición del ingreso. El piso rojo electrificado. La adaptación al “jardín comunal” y no al “baño privado”, a los suecos y no a las chanclas (pantuflas es otra cosa), a la laca y no a la cómoda (closet es otra cosa), al piso y no al taburete, a la camisilla y no a la camiseta, a todo lo ocurrido con la nueva jerga de integración costeña (bollo, tronco, eche, iiira, jopo, … y el arrecho, significado diferente en su concepción caribe, a la mía santandereana). La ceremonia del quinto día. El bautizo, el baile de bienvenida (ridículo e indigno jajaja), pero luego entendí el porqué de las cosas. Todo en la escuela, todo, incluso en las divisiones, todo son anécdotas.

Hubo una que jamás olvidaré y es que el equipo de voleibol, que fue en su momento la vedette del año pues fuimos los únicos que ganamos oro en los juegos interescuelas en Bogotá, equipo legendario y

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que nunca hubo otro mejor (jajaja) nos dábamos el privilegio de entrenar solos, pero las madrugadas eran a correr al “elefante blanco que era el CIOH en construcción, y allí, en las frescas terrazas subiendo por una escalera de albañil, seguíamos con una hora y media adicional de “fondo corrido” y uno del equipo hacía de centinela y de despertador.

Estaba el Pollo Echeverry, Gustavo Cuartas, creo que el Pilotín “Pacho Maíz”, el Cadete Gracia, creo que Pineda, y Gutiérrez quien luego se fue de baja y terminó en el Ejército, en fin, y claro el Cadete Duran. Ese día el centinela también se quedó dormido y nos despertó el sol de las 8 de la mañana y el himno nacional de la formación. Alguien quitó la escalera de albañil y nos tocó en medio del zafarrancho de abandono, descolgarnos por la pared recién pintada con carburo, dejándonos una raya blanca gruesa desde el cachete al tobillo, eso sí, todo el equipo igual, que nadie quiso explicar, todos mudos, (la lealtad perfecta), al Guardiamarina que finalmente nos agarró. El entrenamiento en los siguientes 15 días fue solo trote y con fusil en mano. Eso sí, nos seguían respetando como equipo de voleibol.

Todo en la Escuela son anécdotas. Desde profanas hasta sublimes. Desde repetidas hasta las más originales.

-¿Qué podría decir de sus brigadieres, guardiamarinas y superiores en la ENC?

Que había de todo. Absolutamente de todo. Desde los que me resultaban brillantes, inspiradores de respeto, líderes, ejemplares, hasta el espectro completo de los temibles, los chistosos, los caricaturescos, los torpes, los aburridos, los carentes de iniciativa, los “ahh que mamera” y los “huy que man tan verraco”, hasta llegar hasta los “y este que hace aquí”. Hoy por todos conservo mucho aprecio y gratitud, tanto por los que hicieron su mejor esfuerzo por nuestra “formación”, como los que hicieron todo lo posible por nuestra “deformación”.

A veces creo que se aprendió más de los segundos pues uno aprende y se fija en lo que no se quiere ser y no se debe hacer y se evita. En aprendizaje en sentido negativo es a veces más eficaz. El antiejemplo. Bueno también se aprende mucho de los “grandes” de los “seres superiores”, de los líderes.

-¿Cuál era su vianda más apetecida del Mudo y Bailabién?

El manimoto y las galletas con dulce en el medio. Sin duda. Bueno a veces salían con un pan que sacaban de contrabando de un cajón atado a una bicicleta con campanita, y eran buenos.

-¿Con cuál recluta se desquitó cuando llegó de cadete antiguo?

Con el recluta Germán Bautista. Un amigo de mi pueblo que luego de darle una patada a “estampilla”, la querida perrita mascota de todos, en el comedor de cadetes, en cumplimiento de la orden del Oficial de Guardia de sacarla del comedor, fue desterrado. No fue militar pero es una gran persona. Un gran amigo.

-¿Qué hizo el primer día de franquicia?

Comer y contar cuentos ininteligibles para quien no conoce la escuela, pero que los escuchan casi por caridad, creo que con pesar, con desconcierto, pero al fin y al cabo familia es familia, y es novedad lo que uno cuenta. Comer y luchar contra el sueño. Dormir y comer.

-¿Quién le llevó el primer pudín cuando era recluta? Ni idea. No recuerdo.

-¿Qué le gustaba más: el pastel gloria o las empanadas?

La arep’ehuevo doble con queso costeño y carne molida de la vieja Concha y suero picante. Bueno, puntualmente a su pregunta: ¡Empanadas con ají muy picante… Última palabra…!!

-¿Cómo cadete antiguo se consideró caníbal o madre? Ni tanto a estribor ni tanto a babor. Timón al centro.

-¿Por qué lo citaron a relación?

Por todo. La feria de las relaciones. Estaban en oferta. Dos por el precio de uno.

Era un reglamento diferente al actual. Por legar tarde de franquicia, por el piso mal encerado en las aulas, por “bolia’o” a un alférez o pilotín, por levantarme tarde al servicio de imaginaria, o como decía mi Guardiamarina Mauricio Ospina, a relación por sospechas jajaja.

-¿En qué materia le fue mejor?

Navegación. Me encantaba. No se las notas, pero la disfrutaba mucho.

-¿Qué profesor dejó en usted la huella más grata?

Tal vez Grau, que nos enseñaba navegación. También Vergara y Cassiani de Matemáticas. El Cap. Esteves con estabilidad. Bueno el Dr. Aponte con reglamentos. Era genial y muy chistoso. Inolvidable lo que enseñaba.

-¿A qué oficial admiró más de cadete?

Varios. Me impactaba el Teniente Ansizar Molano Padilla, extraordinariamente “prusiano” e impecable en sus uniformes, las voces de mando, ejemplar militar, hasta que un día nos puso a marchar cantando la canción “Uri”. Vaya uno a saber cómo se canta y peor aún como se marcha. Dijo “con Uri. Con compas marrrrr”. Trotamos varios días. El TN Guillermo Barrera, Comandante de la Binney, creo que todo comandante de la compañía de reclutas deja huella y recordación eterna, además era profesor de electrónica y nos decía cuando nos pasaba al tablero “siéntese joven le está robando manos a la agricultura” jajaja, me parecía ofensivo e infame en el momento, pero luego me resultó un apunte

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chistoso. Claro que alcance a pensar si debía regresar a la finca en el pueblo. Bueno luego me hice oceanógrafo. Él era muy riguroso. Demasiadas horas de trota por cuenta de él. El Almirante Martínez Reyes, respeto, admiración reverencial. Un caballero cuya cortesía obliga a la obediencia. Lo veíamos poco. El Director era como un semidiós. Solo aparecía en divisiones en su impecable uniforme blanco lleno de medallas y la visera dorada al sol, infundía temor e inmovilidad.

El Almirante Manuel Avendaño, Director extraordinariamente riguroso, disciplinado, metódico, exigente, brillante. Lo veíamos más. Controlaba el ensayo del desfile hasta la perfección de los detalles. Institucional como pocos.

En fin, gratitud eterna a todos y los mejores recuerdos por su ejemplo y liderazgo.

-¿Le tocó pagar rutina disciplinaria? Varias veces.

-¿Llegó alguna vez "joche" de una franquicia?

Si claro. Quien no. A veces porque la fémina compañía y las circunstancias lo ameritaban. Algunas veces tarde por minutos, segundos, y motivos que no valían la pena. El castigo no era proporcional al tiempo de retardo. Creo que como lección quedaba que era mejor llegar varias horas tarde luego de una buena parranda con buenas motivaciones marineras, que unos minutos por descuido o por no llegar a tiempo a la rutina. El castigo era el mismo.

-¿Fue edecán naval de alguna reina?

Si. Varias veces. En Manizales, en Cartagena, en Santa Marta. Era entretenido el “chicharrón”. La época era diferente. Las candidatas eran menos formateadas y el concurso era menos empresa. Era más fiesta. Más alegría. Menos orden. También fui Capitán de Edecanes (… mejor aún el chicharrón). Después se vino a menos el asunto y cambiaron las cosas.

-¿Cuantas novias tuvo de cadete?

Los marineros perdemos la memoria al salir del puerto.

-¿Se voló en la "Lulú" alguna vez?

No. Nunca. Había mejores métodos. Y Creo que la Lulú ya no estaba.

-¿Alguna vez fue paciente del Enfermero Pinto? No. Pero si del enfermero Aldana jajaja.

-¿Al Enfermero Pinto le compraba chocolates o lociones? Ninguna de las anteriores.

-¿De los embarques qué recuerda con nostalgia?

El tiempo. El tiempo disponible, sin tecnología y sin la inmediatez. El tiempo para mirar el mar y entrar en sus profundidades. El tiempo compartido con los amigos en el mar. El tiempo para leer. El tiempo para conversar y jugar cartas.

-¿Una síntesis de su mejor crucero?

Crucero Gloria 1983. Por el Pacífico hasta Japón y regreso por San Diego. Mucho aprendizaje. El más fuerte tifón en la historia del Velero. Se ha escrito mucho de ese crucero y de esa experiencia. Inolvidable. Heridos, perdida de esenciales del buque, olas gigantescas. Comandante legendario, el Almirante Álvaro Campos. Oficiales y tripulantes extraordinarios. Patriotas. Verdaderos marinos. Buque en riesgo de pérdida y crisis como nunca se había visto. Experiencias que sin duda marcaron nuestro destino. Amigos eternos. Culturas fascinantes. Mucha alegría y música. Primera experiencia con robótica. Primeras sopas deshidratadas del mundo que no existían en Colombia. Mucha Shasta (mi curso entiende jajaja), demasiada Shasta por cuenta de mi Capitán, TK en esa época, Isaza. Demasiado pollo. Mucha vela y navegación. También mucha tristeza por el dolor de la muerte de mi madre, solo compensada en navidad y año nuevo en el mar por la calidez de los amigos, de los verdaderos amigos.

-¿Formó parte de la banda de guerra?

Por supuesto. Pocos meses como redoblante y años como Tambor Mayor. Lo disfruté mucho. Era el mejor espacio para gozarme mi pasión por la música. Y además como tambor mayor, una guaripola que el destino puso en mis manos y que me enseñaron a usar para mandar, incluso a mis superiores, y de manera legítima. Interesante.

Tenía el placer de una dulce, musical, planeada y simpatiquísima venganza jajaja…. especialmente con

los gaiteros. Recuerdo a Rangel, Garavito, Santamaría, en fin … guardiamarinas caníbales por quienes trotamos mucho en tiempo normal de Escuela, pero cuando yo estaba al mando como tambor mayor, disponía las marchas con gaitas mucho tiempo antes de las tribunas, así llegaban cansados de soplar, perdían la melodía y eran otros los que trotaban (justicia divina y la compensación de la vida).

Hoy solo buenos recuerdos, grandes amigos, brillantes oficiales, prósperos empresarios, y un gran Comandante a quien Dios llamo de forma anticipada.

-¿Cuál fue su mejor desfile?

20 de Julio de 1980. El primero. El de más expectativas. El de la comprobación de la leyenda. El inolvidable.

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-¿A quién recuerda de sus compañeros?

A muchos. A Todos creo yo, aunque a veces las fotos de las Correderas no coinciden con los tamaños, tallas, pesos, volúmenes y colores del pelo (cuando lo hay) que la edad nos obliga.

A Fabio Ramírez, a Gabriel Patrón, Jaime Fajardo, Rafael Gómez, en fin. Si nombro algunos, me “caigo” con los otros jajaja.

Tuve el privilegio de pertenecer a tres contingentes. NA-80, 81 y 82. Y en todos tengo grandes amigos. Amigos del alma. Compañeros de mar y de puerto. Tripulantes de los mismos buques de la vida. Al fin y al cabo, cuando todo pasa, amigos y familia es lo único que queda. Todo lo demás es prestado. Por eso mi profunda devoción por los amigos y por la familia. Amigos de la Escuela y de la niñez, mis hermanos del alma. Son muchos y todos queridos para nombrarlos. German González, Juancho Zuluaga, Franco Tejada, Benjamín Calle, Toby, Jairo Falla, Augusto Vidales, Carlos “el flaco” Ortiz (ya no es flaco), José Fuentes, Juancho Marrugo, Sergiño, Héctor Aguas, Gerardo Gueto, en fin. A todos gracias por hacerme el favor de su amistad.

-¿Quiénes no merecen perdón como caníbales?

Ninguno. Arriba hablamos que cuanto más se es caníbal, mayor es su miedo. A veces un temperamento fuerte como “caníbal” solo esconde un carácter débil. Todos merecen perdón como caníbales, y también como madres. A los madres también la historia debe darles el beneficio del perdón, por laxos, por flojos o por falta de carácter y exigencia. Lo que no merece perdón es la deslealtad.

- Cuéntenos, de oficial, cuál fue su momento más difícil

La muerte terrible, desgarradora y sorpresiva de mi hijo. Fueron (y siguen siendo) momentos de profundos cuestionamientos, tanto de la vida como de la profesión, del deber ser, de la familia, de los amigos, de nuestro sistema de salud, de la lógica de la naturaleza y de las dudas de las determinaciones divinas. De tomar decisiones de trabajo bajo el profundo dolor de la ausencia con el corazón destrozado. De intentar seguir adelante y hallar motivos para mantener el rumbo frente a ese terrible tifón afectivo que se lleva el alma a otra dimensión.

-¿Después de tantos años qué añora de esa época?

De la época de cadete, añoro los amigos. La sencillez de la vida de estudiante, de aspirante, de cadete. Añoro los problemas sencillos y simples que eran gravísimos pero que ahora con otros ojos, eran solo diversión y alegría. Añoro la humanidad por encima de la avasalladora y veloz tecnología. Añoro las cartas en papel con estampillas y líneas escritas a mano por nuestros seres queridos. Las encomiendas con génovas, queso, cebollitas rojas picantes y hormigas culonas. La franquicia. Recuerdo con alegría las “excursiones de sexto” de los colegios femeninos a Cartagena. El premio de las vacaciones. La franquicia especial por algo bueno que se hiciera de vez en cuando. La mamadera de gallo en el coro. El kárdex de niñas samarias, barranquilleras y sabaneras que llegaban a las fiestas de la Escuela. El permiso para ir a la casa a conseguir patrocinio para la Corredera.

Añoro la vida simple de los 80´s en mi amada Escuela Naval. Añoro el billete envuelto en papel carbón (para que no se perdiera en el correo) y la carta de la mamá contando detalles con las fotos en color sepia con los últimos acontecimientos de la familia, seguida de consejos sabios y amorosos, de cuidarse de los peligros de la vida.

-¿En la hora presente, como Comandante de la Armada Nacional, su mayor reto?

Tantas cosas al tiempo. Creo que el reto es saber identificar el momento nacional que vivimos y su enlace con la Marina que tenemos. Asimilar el proceso de metamorfosis de un país marítimo de discurso, pero por historia y por necesidad, centrado en tierra y en un conflicto doloroso. Identificar el momento del cambio y de mantener con solidez lo que no se debe cambiar.

Creo que debemos acelerar la materialización de los privilegios naturales que nos obligan al mar, y tratar de disponer con equilibrio, entre la lógica convencional de la Defensa, la Soberanía y la Seguridad, el apoyo al desarrollo marítimo y portuario y las nueva agendas nacionales y globales, con una Armada profesional, especialista, decisiva en el futuro y en la construcción de nuestra Colombia, responsable del destino marítimo nacional, coherente con una nación noble que necesita de las soluciones que solo vienen por el mar.

Esto demanda muchos retos. Ser más grandes que la resistencia al cambio por el temor que genera y la angustia de la incertidumbre. Revisar nuestra educación naval. Diseñar un futuro con los estándares internacionales para continuar el paso de la Marina local a la Marina fuerte de impacto regional y alcance Global. Tener la fuerza institucional para no estar nunca satisfechos, para no amañarnos mucho en la ergonomía de la comodidad, siempre buscar mejores posibilidades, mejores escenarios.

Un gran reto es cuidar el rumbo trazado sobre valores y principios, y el plan de futuro que recibimos de nuestros predecesores con riguroso diseño, pero también ser capaces de darle los inputs, los extras, el plus, para fortalecerlo. Tenemos el reto de proteger a nuestra gente y a nuestra institución, de las nuevas costumbres importadas que estimulan y permiten cosas que la moral y el honor no tolera.

Al interior también hay muchos retos. En todo sentido. Con la educación, con los componentes navales (Aviación, Guardacostas, Infantería de Marina, con la Flota), con la Autoridad Marítima, con Cotecmar, con la Historia, con las Comunicaciones, con la Salud, con el Buceo, con la Ciencia y la Tecnología, con la Hidrografía y las ciencias del mar y de la atmósfera, con el régimen prestacional, con las Leyes pues tenemos legislación hecha para una Colombia que ya cambio y para un mundo marítimo que ya no

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existe y debemos modernizarlas. Grandes retos con el presupuesto, con el Material, con la gente, con la doctrina, con la política y la estrategia. Todos son retos. Con el presupuesto y la sostenibilidad tenemos muchos retos, eso es un tema complejo. Pero eso es lo estimulante, mucho por hacer. Aburrido que ya todo estuviera hecho.

-¿Qué sintió cuando llegó a la ENAP como Comandante de la Marina de Guerra?

Mucha alegría. La evidencia de la transformación, del progreso, de la modernización, de crecimiento en infraestructura, de solución de problemas históricos. Me dio mucho gusto y a la vez incertidumbre, ver la cantidad de cosas que aún no conozco en detalle, pero que son el reflejo del espíritu emprendedor, de la pujanza, de la vocación y espíritu naval, de la iniciativa y la capacidad de gestión de todos quienes tuvieron el privilegio y el honor de servir en la Marina desde nuestra Escuela Naval.

También sentí la necesidad de saber si estamos en la vía correcta, si estamos educando como debe ser a los hombres y mujeres del mañana, en función de los nuevos retos que les espera, con la nueva Colombia, con las amenazas a la seguridad y la soberanía, de cara a la agenda marítima y fluvial de nuestro país, de cara a los compromisos internacionales y con la lógica de una marina moderna pero aún joven, adolescente y con mucho por hacer.

-¿Cuál es su opinión sobre Cyber-Corredera y los servicios que presta a la Familia Naval? Me gusta mucho. Es un vehículo de comunicación naval, ameno, grato, que nos mantiene actualizados de las cosas que difícilmente salen, o que nunca salen, en medios públicos, sobre nuestro modus vivendi, sobre nuestro estilo de vida naval.

Enlaza el presente con el pasado y con el futuro. Conocemos cosas que nos abren oportunidades, pensamientos diferentes, críticas constructivas, ideas, biografías, relatos, entrevistas, … y un mascarón de proa, muy esperado en la lógica marinera de nuestro espíritu naval.

Tuvimos una amenaza de cierre de la Cyber-Corredera, que ojalá este ya conjurada y cuyos motivos, desconocidos por los beneficiarios de la gran familia naval, quienes respondieron con nostalgia y preocupación a las decisiones de los voluntarios creadores y editores, esperamos poder ayudar a superar.

Creo que es momento de reconocimiento y gratitud para quienes en la distancia y solo por el placer, el honor y el gusto de hacerlo, mantienen viva esta querida publicación. Lo que haya que hacerse. Los apoyos que sean necesarios. Las revisiones que sean necesarias. Los cambios que sean necesarios. Todo menos rendirse.

-¿Le gusta el Pañol de la Historia?

Si. Mucho. No creo que haya alguien que no se interese por la historia. Si bien jamás se conocerá la historia completa de nada y menos de una institución tan grande y con tanta trayectoria como la Marina, este espacio es como píldoras de conocimiento, de memorias, de acontecimientos que tejen a mano las respuestas a muchas preguntas que en la era moderna nos hacemos, pero que ignoramos sus orígenes.

-¿Qué debemos mejorar?

Propondría una discusión para ver de qué manera la Cyber-Corredera, pueda cautivar el alma de las nuevas generaciones, para quienes legendarias expresiones de la Escuela Naval como el Enfermero Pinto, Plinio, la ARC Lulú, y otras, incluso Bailabién, o el Tigre, tal vez no tienen significado, pues hacen parte de un mundo contemporáneo que no los conoció. Y al tiempo que las nuevas expresiones que cada generación produce, también se vean reflejadas. Que sea un elemento material y oral de unión entre toda la Marina y entre la comunidad a quienes se irradia con nuestra misión.

Trataría de establecer un enlace, un eslabón intergeneracional. Lograr que quienes nos van a suceder se impregnen de la historia, pero al tiempo los veteranos enterarnos e impregnarnos de juventud y de las nuevas dinámicas.

Propondría revisar el formato y sin perder la tradición, hacer de esta oportunidad, porque yo veo la Cyber-Corredera como una oportunidad para todos, hacer de ella un mecanismo que emplea las nuevas formas de comunicar, las redes sociales, los blogs, las páginas web, incorporar youtuberos navales, tener a toda hora la Cyber-Corredera en la mano, en su mano, con una aplicación que mantenga actualizado el mundo naval sin perder la perspectiva de nuestro origen y tradición.

-¿Por favor, un mensaje para enviar a la Familia Naval?

El mensaje que daría es que “esto”, nuestra vida naval, vale la pena. Que somos una gran familia, con problemas, con dificultades, con todo por crecer y mejorar siempre, pero que como buena familia se une cuando se necesita.

Decirles a todos que quienes servimos aún en uniformes y activos, sentimos profunda gratitud y reconocimiento por todo lo que hicieron, quienes ahora gozan del privilegio del “descanso del guerrero”, y que es la base del futuro de quienes apenas nacen en esta vida y aún para quienes aún no sospechan que lo serán.

Que todo lo que hacemos es continuar la estela, seguir la viada, tratar de cumplir con la mejor voluntad y espíritu naval, los sueños y planes de nuestros predecesores, y dejar sembrados nuevos semilleros para una marina grande, fuerte, moderna, de proyección, la Marina que Colombia necesita.

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Pedirles a todos apoyo con sus opiniones francas y profesionales, sobre el acontecer de la Armada. Sugerencias, críticas, preguntas, lo que sea, y especialmente ayudarnos a leer el momento actual, a identificar las oportunidades, los riesgos. Decirles que la crítica oscura y el comentario gris, no construye, no aporta, no celebra el cambio. Que hay que expresarse, encarar los problemas.

Les diría que nos acompañen en los cambios que siempre es necesario hacer pero dejando las anclas en la lógica invariable de los principios navales y los valores humanos, y que los cambios no son jamás por negar las realizaciones que en su momento se hicieron, sino que vivimos épocas que nos demandan nuevos esquemas, nuevas formas de organización, nuevos enfoques estratégicos, y quienes tenemos la responsabilidad de gestionarlos, debemos tomar decisiones.

Decirles gracias. Decirles que todos, los activos y retirados, las familias, los hijos, nuestra población civil en servicio, nuestros Infantes de Marina, nuestros cadetes y grumetes, todos, sin excepción somos de la misma gran familia y entre todos debemos seguir construyendo Armada, construyendo nación marítima.

Decirles que en nombre de mi familia, de mi amada y bella esposa Mariajosé, de mis adorados hijos, de Ernesto que zarpó sin previo aviso pero sigue conmigo en angelical compañía, de Camilo con su alma grande y libre quien creció sin pedirme permiso, de Ana Sofía, amor dulce y feliz (aún me pide permiso para algunas cosas) quien compensa sin imaginarlo, la ausencia de Ernesto, de mis viejos que zarparon muy jóvenes, uno, mi padre orgulloso seguramente de ver hasta donde me ha traído el destino, y otra, mi madre, seguro aun pidiendo a Dios que me retire de la Armada para que estudie medicina, en nombre de mis amigos y en nombre de cada uno de los hombres y mujeres de la Marina de Colombia, decirles a todos gracias con el alma.

Y por la fecha de esta entrevista (dilatada y extendida por culpa mía, aunque sean razones superiores, pero que agradezco a su autor, el querido Enfermero Pinto), decirles ¡FELIZ AÑO 2018…!!!, que todas las cosas buenas que hagan y deseen, se les multipliquen, que la salud y la felicidad sea la constante, y desearle siempre, no solo en navidad, en el cumpleaños o en navidad, sino siempre, todo lo mejor.

Que en los momentos de alegría, de reunión, de brindis, de familia, brindemos y oremos por los que están en el mar, protegiendo el azul de la bandera, para que siempre regresen y recordar a quienes ya se nos fueron para siempre, cumpliendo con su deber.

¡Izar un gran BRAVO ZULU …!!! Para quienes siguen haciendo patria y fortaleciendo país marítimo en cualquiera de sus modalidades, y para quienes hicieron lo que hoy tenemos. Y también izar un gran UNIFORM WHISKY, para el viaje de futuro que nos obliga la gratitud y el deber, y que empieza en cada momento de nuestras vidas.

Y finalmente un gran GRACIAS a la Cyber-Corredera con toda su tripulación por este espacio y especialmente por todo lo que hacen por nuestra gran familia naval.

¡Salud...!!

POCOS, BUENOS Y ORGULLOSOS:

CINCUENTA AÑOS DE GRADUACIÓN DEL CURSO DE INFANTERÍA DE MARINA N° 01

Por: Julio César Carranza Alfonso

No hay hombres extraordinarios: hay situaciones extraordinarias resueltas por hombres ordinarios como usted y como yo.

Se cumple en el mes de diciembre de 2017 el Quincuagésimo aniversario de la graduación en la Escuela Naval de Cadetes Almirante Padilla (Cartagena) del Contingente N° 01 de Infantería de Marina, promoción XXXIX, razón por la que queremos rememorar el trascurrir histórico del grupo de jóvenes que marcó un hito dentro del Cuerpo de Infantería de Marina, Armada República de Colombia, hablando del antes y después del IM 01. Por cómo lo hicimos y por lo que llegamos a ser en nuestra profesión, van estas páginas de orgulloso contenido. Fueron las circunstancias especiales de programación y duración de este contingente de cadetes, de tal manera que su denominación en la Escuela Naval fue el de “extraordinarios”, como un contingente “fuera de lo común, fuera de lo ordinario” que iría a tener especial significado en la conformación de los oficiales del Cuerpo Anfibio.

Transcurría la década de los sesenta en el siglo XX. Tiempo de convulsiones políticas y militares a nivel mundial; sucedía la guerra de Vietnam. En Colombia surgió el movimiento guerrillero ELN, con el que se acrecentaron las actividades de los grupos fuera de la ley que como las FARC sembraban de muerte y terror los campos y ciudades colombianos. Por su misión institucional, a la Armada Nacional le correspondía contribuir en la salvaguarda del orden público nacional, especialmente en los mares, costas y ríos del país, requiriendo para el momento incrementar las operaciones propias en dichas

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áreas. La Infantería de Marina, como Cuerpo integral de la Armada, era para la época una fuerza pequeña pero decisiva en las operaciones anfibias y las que desarrollaba dentro de su área terrestre de responsabilidad. Las operaciones de control del orden público asignadas a la Armada Nacional requirieron más tropas anfibias, que para la época no pasaban de un poco más de un batallón, llevando al mando naval a aumentar sus efectivos, y por ende, los oficiales que comandarían tales tropas.

Conllevan estas líneas la correlación de la historia de la Infantería de Marina con la del grupo de jóvenes que conformamos el Contingente 01 de la especialidad en la Escuela Naval de Cadetes de Cartagena. Es pertinente anotar que algunos de los futuros aspirantes entramos para otra especialidad, como mercantes algunos, y por la acción de convencimiento del Sr. Mayor IM Jaime Arias Arango (QEPD) y la vocación de cada quien, preferimos la infantería de marina.

Los primeros días de enero de 1966, en la recientemente inaugurada Escuela Naval de Manzanillo, 17 entusiastas reclutas formamos filas como integrantes del Curso IM 01 y aspirantes a oficiales del Cuerpo de Infantería de Marina. El calor permanente de Cartagena no nos incomodó mayormente; las facilidades del hotel “mamá” fueron cambiadas por la rigurosidad de la vida militar; ninguno de nosotros tuvo duda sobre su respectivo destino; ninguno tuvo razón o causa diferente por la que se encontraba en ese contingente que no fuera su propia decisión. Todos recordaremos a nuestros comandantes y brigadieres, encargados de dirigir tan especial contingente. A partir de este momento inicia un período decisivo y novedoso para la vida de la Escuela Naval de Cadetes Almirante Padilla por la década de los sesenta. Mucho cambiaría: de recibir en sus aulas a casi niños que buscaban la carrera del mar, donde cursaban los grados 10 y 11 del bachillerato para luego iniciar los estudios correspondientes al nivel superior, llegábamos ahora jóvenes ya graduados como bachilleres, que nos dedicaríamos a formarnos en la ciencia del mando y conducción de las unidades de infantería de marina. Aprenderíamos a ser hombres de mar y de guerra, a descubrir los secretos de la táctica y de la estrategia, y llegar a ser profesionales de la ciencia naval militar.

Para armonizar la condición de oficiales de la Armada tendríamos que estudiar la navegación costera y de altura, las matemáticas, la ciencia de los motores con los que navegan los buques, así como la meteorología, la hidrografía, el inglés y las diferentes armas con que contaban en ese entonces las fuerzas navales y anfibias. Además de los reglamentos y la organización naval, recibiríamos de nuestros superiores las costumbres, disciplina y tradiciones de los marinos, y buscaríamos ser caballeros del mar. Tendríamos que conocer, estudiar y navegar a bordo de los buques que en ese momento tenía la marina. Los hacedores del programa con que iniciaban los cursos de cadetes para la fuerza anfibia, como un reto institucional formarían profesionales militares de manera precisa y concisa; con asignaturas prolijas en el pensum y sin descanso, pero con todo el rigor que la naturaleza de la profesión exigía y de manera expedita, como si hubiera estallado la guerra y a la mañana siguiente tuviéramos que partir a ella.

Ese cambio que se sucedía en el Alma Mater de la Marina conllevó a situaciones dificultosas entre los integrantes del contingente 01 y los cadetes antiguos; pero los apuros que se presentaban iban siendo resueltos por las directivas de la Escuela y los jefes inmediatos, así como por los propios alumnos, haciendo que todos entendiéramos la situación y acogiéramos los objetivos de la institución. Por las características del programa, nos denominaron “extraordinarios” y a ciencia cierta, a verdad de puño, por los resultados obtenidos finalmente, sí fuimos extraordinarios: Las exigencias académicas; las permanentes y extenuantes horas en los campos de entrenamiento, y de estudio en las aulas; el vigor y la fuerza de voluntad que nuestros inmediatos comandantes imprimían diariamente al grupo, los cruceros a bordo de los buques, el gran desafío final de comandar a un batallón de cadetes curtidos por el viento y por el mar, fueron los mejores acicates para que contra todos los obstáculos, afloraran respuestas de futuros profesionales dignos, convencidos y llenos de mística por su profesión: contra fuerza, voluntad. Así fue la respuesta de los cadetes del primer curso de infantería de marina; así como reza el eslogan de la fuerza militar a la que iríamos a servir una vez graduados, hecho que de manera destacada cumplimos, los que más, por espacio de casi cuatro décadas.

Pero el camino duro no era para todos: muchos los llamados, pocos los escogidos. Además de los registros oficiales en diplomas y actas, en la Revista LA CORREDERA, órgano de difusión de los cadetes de la Escuela Naval, en su edición correspondiente, quedó plasmado la graduación de los ocho oficiales que de manera extraordinaria supimos acoger el reto de llegar a la meta, siendo nuestros nombres los siguientes: Ramiro Salazar Lizarazo (QEPD), Jesús Castañeda Chacón, Julio César Carranza Alfonso, Eduardo Peñuela Anzola, Víctor Silva Córdoba, Gustavo Silva Palma (QEPD), Arturo Rodríguez Anzola y Héctor Castellanos Castillo.

Cincuenta años después de la fecha de graduación vemos con orgullo que de los egresados como subtenientes de la fuerza anfibia, lamentamos la muerte en servicio activo de Ramiro Salazar Lizarazo (QEPD) y de otro ya en retiro, Gustavo Silva Palma (QEPD); el retiro de Arturo Rodríguez y Héctor Castellanos; los cuatro restantes, Jesús Castañeda, Julio Cesar Carranza, Eduardo Peñuela y Víctor Silva alcanzamos el grado de coronel. De los cuatro, Eduardo Peñuela Anzola obtuvo el grado de mayor general y “Chucho” Castañeda el de brigadier general, habiendo sido ambos comandantes del Cuerpo de Infantería de Marina.

Con el desarrollo de una excelente carrera profesional, con entrega total al servicio, desempeñamos funciones y deberes en campos neurálgicos y de alto interés para el Cuerpo. Las unidades regulares de fusileros, los comandos anfibios, los comandos submarinos, la aviación naval, los comandos de selva y

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unidades fluviales, y los centros de formación, tuvieron nuestra contribución para su desarrollo y logro de objetivos. Coadyuvamos a sembrar las bases de una nueva Infantería de Marina, con criterio propio, moderna, con nuevo pensamiento y actitud, salidos del Alma Mater de la Armada Nacional. Y lo esencial, contribuimos al crecimiento armónico del Cuerpo, pasando de un batallón en 1967 a cinco brigadas a principios del año 2000.

Así ingresamos a la Escuela Naval como cadetes de infantería de marina integrando un mismo contingente y graduados como oficiales de la Armada Nacional; tan navales como su centro de formación, tan combatientes como los mejores, y tan caballeros como así nos enseñaron nuestros profesores. Marcamos un derrotero a la fuerza anfibia al dar inicio a la permanente incorporación exclusiva de cadetes para la Infantería de Marina hasta el hoy y el mañana, y hacer que el Cuerpo sobresalga ante la nación colombiana por su profesionalismo y alta contribución en la paz del país. Feliz aniversario.

Voluntas Omnia Superat

(Fotos de la Celebración en la sección Zafarrancho Gráfico)

CARTAGENA Y SU PUERTO:

PILAR EN LA HISTORIA Y FUTURO DEL COMERCIO

COLOMBIANO

Por: Capitán Alfonso Salas Trujillo

Hace más de veinte años, luego de que el gobierno expidiera la Ley 10 de 1991, un grupo de personas tomamos la decisión de sacar adelante el Puerto de Cartagena mediante el sistema de concesiones que creaba la ley.

De cara a la globalización, la situación que afrontaban los puertos del país -administrados en ese momento por el Estado- no generaba la confianza ni la disposición al riesgo necesarias para asumir las cuantiosas inversiones que requería la terminal de Cartagena para posicionar a Colombia en el contexto global.

Después de sortear múltiples dificultades, un grupo de empresarios decidió acompañar la transformación de los puertos emprendida por el presidente César Gaviria. La visión era clara. No solo queríamos sacar adelante al Puerto de Cartagena, queríamos convertirlo en el puerto de contenedores más importante del país y en el mejor del Gran Caribe.

El ejercicio de estudiar y comprender la geopolítica mundial, de interpretar las tendencias globales del comercio, así como de los diferentes momentos económicos y sociales del país, ha sido clave en el proceso de transformación que hemos liderado desde el

puerto.

Este desafiante reto nos ha inspirado todos los días para apoyar el crecimiento del comercio exterior colombiano, fundamentados en la excelencia operativa, la tecnología, sistemas de información de clase mundial y el talento de un equipo de colaboradores comprometidos con este gran objetivo. De esta forma, en el Puerto de Cartagena hemos sido actores en la historia del comercio internacional colombiano. Estuvimos preparados para las nuevas flotas de las líneas navieras y para la apertura de las nuevas esclusas del Canal de Panamá.

Participamos en los procesos de agilización del sistema nacional de aduanas, apoyamos el manejo integral de seguridad de la carga y respondemos a servicios logísticos especializados. Además, brindamos las capacidades necesarias para un país que se abre a un mercado de 1.500 millones de consumidores con los tratados de libre comercio que ha suscrito con diferentes países en todo el mundo. Ello, entre los muchos retos que nos han inspirado durante estos años.

Como en los días iniciales, continuamos haciendo grandes inversiones en infraestructura, en equipos, en tecnología, en innovación, pero, sobre todo, centramos nuestro esfuerzo en potenciar el talento humano, convencidos de que es a partir de las capacidades de nuestra gente que podemos hacer frente a cualquier turbulencia, a los cambios en la economía, a la aparición de nuevos jugadores en el Caribe, al panorama global incierto.

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Este libro es un homenaje a los miles de hombres y mujeres que han hecho parte de este proyecto, emprendido en los noventa con la apertura económica, y que permiten hacer del comercio exterior la actividad que día a día fortalece nuestra ciudad, nuestra región y nuestro país.

Nombrar a todas las personas por las que siento afecto y gratitud tomaría otro volumen más. La vida me ha permitido expresarles gratitud todos los días, pero este texto no estaría completo sin algunos nombres.

En primer lugar, don Aníbal Ochoa, presidente de la Junta Directiva, motor y faro de esta empresa; don Hernán Echavarría Olózaga, con cuyo apoyo y fe se puso en marcha; Ángela María Sánchez, coprotagonista de esta historia; y don Manolo del Daga, un visionario. Debo citar también a la Federación de Cafeteros, a la Flota Mercante Grancolombiana, a todos los socios, con los cuales hemos transitado este tramo de nuestra historia; y de manera especial, debo reconocer el liderazgo de nuestra gente y la confianza de nuestros clientes.

Benjamín Villegas le puso cariño a esta misión de mostrar para las generaciones presentes y venideras la gesta del Puerto de Cartagena, así como su sentido de la perfección, que se ve a lo largo del libro. Adriana Llano Restrepo, quien escribió los textos que lo integran, se compenetró con el Puerto y con su gente y capturó bien lo que nos inspira.

Mi familia, que ha sido el pilar en el que descansan todos estos años de trabajo y esfuerzo. Mi esposa María y nuestros hijos Vicky, Charito, Martha y Alfonso, junto a mis siete nietos que son mi alegría y el impulso para continuar trabajando por esta causa común.

La tarea no ha concluido, trabajamos para que la visión fundacional de consolidar el servicio portuario y sus actividades complementarias continúe día a día aportando al desarrollo social, económico y ambiental de nuestro país.

Somos conscientes de que nuestro trabajo es vital para una Colombia más competitiva, por ello seguiremos con el mismo entusiasmo, responsabilidad y compromiso para que el país pueda aprovechar todas las oportunidades que trae el comercio internacional y percibir así el bienestar que ello le significa a nuestra gente.

PALABRAS DEL SR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

JUAN MANUEL SANTOS CALDERÓN PARA EL ANIVERSARIO DE LOS 50 AÑOS DE INGRESO A LA ESCUELA NAVAL “ALMIRANTE PADILLA” DEL CONTINGENTE NAVAL 42

CARTAGENA DE INDIAS, MARZO 25 DE 2017

Medio siglo, 50 años, es mucho tiempo, hace 50 años que llegamos a esta escuela, no hacía mucho tiempo que la escuela se había trasladado aquí donde estamos, antes estaba en la Base Naval, solamente existían las aulas y los dos edificios a mi izquierda y la derecha, de resto no había nada más. Éramos 167 reclutas, los más sardinos, los que no habíamos cumplido aún los 16 años, el recluta Román, el recluta Méndez y el recluta Santos.

Ahí comenzamos una experiencia que estoy seguro mis compañeros comparten… nunca, nunca, se nos ha olvidado. El paso nuestro por esta Escuela marcó nuestras vidas, nos enseñó lo importante para cualquier ser humano, para cualquier ciudadano.

En 50 años todo cambia y nada cambia, el nombre de las compañías, en mi época, compañía Alfa, compañía Bravo, compañía Charlie y compañía Delta, hoy tienen otro nombre… una Escuela que hoy podemos decir que está entre las mejores de América Latina, si no la mejor, con unas instalaciones envidiables para cualquier otra escuela. Hay diferencias en muchos otros frentes, pero lo fundamental, sigue igual y lo que es más importante, es lo que le queda a uno de esta experiencia tan maravillosa al pasar por esta Escuela.

A ustedes cadetes, les enseñaron lo importante que son los mapas y las brújulas cuando están navegando; los mapas y las brújulas en la vida son los principios y los valores, a los que uno acude así como cuando está perdido en el mar. En la vida cuando uno está perdido y está con dudas, acude a los principios y los valores; y esa semilla tan importante fue sembrada aquí en esta Escuela. Una semilla que creció entre todos nosotros de diferentes maneras pero siempre con la misma raíz.

Aquí aprendimos a querer a nuestra institución, a querer a la Armada Nacional, a querer a las Fuerzas Armadas de Colombia, a querer más a nuestra Patria. La izada de bandera no es un simple protocolo, es la reiteración de todo lo que significa ser marino, ser colombiano y eso nos ha quedado a todos por estos 50 años.

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Cada uno tomó su camino, dos de nuestros compañeros llegaron a ser almirantes, yo llegué a ser presidente.

Ustedes que están exactamente en esa posición en la que nosotros nos encontrábamos hace 50 años, deben valorar muchísimo lo que están aprendiendo, esa disciplina, esa disciplina que es tan importante en la vida militar y en la vida en general. Nuestro comandante de compañía, el entonces capitán Duque, me mandó al calabozo, en esta época ya no hay calabozo, quedaba allá detrás de las cocinas, dos días o tres días de calabozo, me sirvieron mucho, aprendí a que uno no se puede dejar llevar por el amor, tiene que tener disciplina, tiene que contenerse.

Cuanto no aprendimos aquí todos los cadetes, inclusive a marchar, vi que no se nos ha olvidado, tampoco se olvida nunca, así como montar en bicicleta. Pero hay algo especialmente importante, que aprendimos todos cuando salíamos a navegar en las balleneras. ¿Qué nos enseñaban los guardiamarinas y los brigadieres? “Cadete o recluta, aprenda lo siguiente: siempre ponga un punto de destino y siempre use los vientos, use las adversidades, para llegar a ese punto de destino”. Es tal vez de las lecciones más importantes para cualquier persona, para cualquier marino, para cualquier país. Siempre debe tener uno un puerto de destino. Un punto. y no importan las tormentas y el mar picado, si sabe uno maniobrar, allá llegará. Y hay que hacer el esfuerzo y perseverar. Esa lección la he seguido a través de mi vida.

Recuerdo que con ese año, año 67, año 68, según dice la historia, llegaba a Santa Marta un buque de Suecia con unos marinos exsoldados americanos, y fue la primera embarcación de droga y ahí comenzó el narcotráfico que tanto daño le ha hecho a este país. Tres años antes, en el año 64, se iniciaron las FARC, en una guerra que duró 52 años. Lo que aquí aprendimos, lo que aquí aprendí nos ha servido muchísimo para lograr vencer a esos enemigos, para lograr doblegar a las adversidades. Hoy el país después de 50 años está iniciando una nueva época; en este preciso momento las FARC están entregando sus armas.

Nuestros soldados se quedan con las suyas. Es la victoria de nuestras fuerzas sobre un enemigo. Esa victoria es producto de los valores y los principios que nuestros soldados, nuestros policías, aprendieron en las escuelas de formación.

Lo que la Armada Nacional le ha aportado al país no solamente en estos últimos 50 años sino a través de toda su historia, es una deuda que el país siempre tendrá. Así como lo que la Armada nos aportó a quienes hemos pertenecido a ella también es algo que nunca, nunca, dejaremos de nuestros corazones. Por eso queridos cadetes, aprovechen su estadía en esta gran Escuela, aquí se van a formar para tener un mejor futuro.

Y quiero decirles a mis compañeros que me produce una gran alegría poder celebrar estos 50 años después de que llegamos aquí a esta Escuela y estar aquí con ustedes, porque también la vida es una acumulación de buenos recuerdos. Tal vez de los mejores recuerdos que tengo en toda mi vida son los recuerdos de haber pasado por la Escuela Naval de Cadetes “Almirante Padilla”, siempre los llevaré en mi corazón y siempre me sentiré orgulloso, lo he dicho mil veces: “la vida me ha dado los honores más altos que se le puede dar a un ser humano, pero el honor que yo más aprecio es el de haber portado el uniforme de la Armada Nacional.” El haber podido desfilar como desfilamos hoy, allá en las ceremonias del 20 de julio, ese honor nadie se lo quita a uno. Estoy seguro que mis compañeros lo comparten, por eso qué bueno estar aquí en este día de hoy tan especial. Desearles a todos que sigan amando a su institución, formándose, estudiando para ser mejores oficiales, mejores ciudadanos. Que sigan queriendo a su escuela como la queremos nosotros, que después de 50 años ese amor por la institución no ha disminuido un ápice.

De manera que buen viento y buena mar a todos los cadetes.

Al Capitán Duque nuevamente también a nombre de todos los compañeros gracias por todo lo que usted nos enseñó en ese momento tan importante de nuestras vidas, usted y todos los oficiales que en ese momento tenían a su cargo el batallón de cadetes.

Para esta Escuela nuestra gratitud eterna porque esta Alma Mater siempre estará presente en nuestra conciencia y en nuestro corazón.

Muchas gracias.

(Fotos de ese encuentro las pueden ver en la Cyber-Corredera N° 194)

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LA NUEVA SEDE DEL CONSEJO DE

HISTORIA NAVAL

Desde el año 2012, la Secretaría de Historia Naval (SEHISNA) tuvo que reducir sus espacios, los cuales tenia a bordo de la Dirección General Marítima, y trasladar sus archivos, libros, revistas y fuentes documentales primarias de trabajo a 04 contenedores que se encuentran actualmente en la parte posterior de DIMAR; en marzo de 2017 y acuerdo la visión del señor Segundo Comandante de la Armada, Vicealmirante Pablo Emilio Romero Rojas, ordenó que las instalaciones que dejaba la Dirección de Incorporación de la Armada, en la carrera 25 No. 45C-26, fueran asignadas y ocupadas por la Secretaria de Historia, y ahí albergar la Biblioteca Técnica Marítima Especializada, el Centro Documental con sus fondos documentales.

El 27 de septiembre de 2017, esta dependencia asume el control y tenencia de ese inmueble, se inician los levantamientos de inventarios, necesidades e identificación de puntos sensibles relacionados a temas tales como filtraciones de agua, goteras, redes eléctricas, de alcantarillado, etc. Desde octubre y con apoyo del Batallón de I.M, con 05 IMR se inició la remoción y limpieza de la casa.

Así mismo, la Jefatura de Planeación de la Armada Nacional, asignó 35 millones de pesos para iniciar la recuperación de una sección del techo de la casa. Posteriormente, se recibió 9 millones para limpieza de fachada y postura del nombre de la casa.

Por otra parte, la Teniente de Navío Loida Niño Franco, por iniciativa propia, y con personal ajeno a la Institución; logró la donación de un material de construcción, por un valor aproximado de 25 millones de pesos, para iniciar el proceso de resane, pintura e impermeabilización del primero piso de la casa.

Teniendo en cuenta la importancia que tiene los temas históricos de la Armada, el pasado 19 enero, se reúnen los integrantes del Consejo de Historia Naval, (Órgano consultivo externo de la Armada), la Sra. CF Ángela Lossa de DICI, y TN Loida Niño Franco, con el fin de visitar las instalaciones; así mismo conocer la distribución arquitectónica ideal y las necesidades para la ocupación definitiva de todo el material bibliográfico que se compone entre otros de los siguiente: informes históricos de las unidades, informes documentales, fondos documentales de personajes navales y de unidades, así mismo libros de minutas, bitácoras, libro de visitantes ilustres, libros de máquinas, de navegación , el archivo fotográfico, documentación sobre los conflictos Colombo-Peruano, de Corea, temas limítrofes, biblioteca Técnica oceanográfica, hidrográfica, marítima, la hemeroteca.

La Armada Nacional, aún sin tener los recursos financieros requeridos, desea materializar un espacio óptimo como templo de la historia doctrinal y misional de la Armada, preservar la memoria colectiva, historia naval y marítima de Colombia, además de que sirva como punto de reunión con personal de la reserva activa, y fuente de consulta sobre temas históricos para el personal al interior y exterior de la Armada.

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(Fotos del almuerzo en Zafarrancho Gráfico)

CONCHA RECARGADA

Buenos días ña´ Concha, tremendo madrugón, ¿Qué la trae por aquí tan temprano? Buenos días mijo, por aquí a empezá de nuevo…

¿Y eso?

Pues pa´ que veas, me llamó el niño Francisco pa´ decime que la cosa se había arreglao, que mucha gente había protestao por el cierre de la Cyber y que tocaba arrancar de nuevo. Así que aquí me ves, con mis ollas, mi carbón y los fritos, de que eso es que se vive. Menos mal ya tenía algunos fritos que hice en mi casa bien temprano y con ellos me bandeo mientras prendo y hago algunos aquí.

¡Gracias a Dios! Ni se imagina la falta que hacen usté y sus fritos, además de las largas tertulias al son de unas buenas arepas con Kola Román.

Gracias mijo, pero mientras voy prendiendo esta vela pa´ prende el carbón, alcánzame la cosiámpira esa que está allá.

¿Cuál cosiámpira ña´ Concha?

El chéchere ese mijo, el que está al lao de la olla. Ah, ¿la paila?

¡Esa misma mijo! Es que a veces se me olvidan los nombres de estas cosas.

No se preocupe ña´ Concha, que eso nos pasa a todos. Pero mire, ya se corrió la voz de su llegada, mejor la dejo trabajá y mas tarde vengo por mis arepas.

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Bueno mijo, avisale a la gente que ya estoy de vuelta, pa´ que vengan a desayuna mas tarde. Buenos días señora Concha, me alegra verla por aquí de nuevo.

Buenos días niña Marta Lucia, ¿que la trae por estos laos?

Imagínese que una fuente de alto nivel me informó que volvía la Cyber-Corredera y como estoy de correría por estos lados, que mejor para empezar el día que un buen desayuno típico costeño. ¿Tiene arepa de tres huevos?

¡Hay seño! Qué pena con usté, pero las arepas con tres huevitos me las encargo desde ayer el niño Alvaro y hace diez minutos arrimó a mi casa por ellas el jovencito Iván.

¿Márquez?

Noooo, Iván el bueno, Duque…….

¡Hay, ese es mucho….! ¿Cómo es que dicen ustedes señora Concha?

¿Espantajopo?

¡Exacto, señora Concha! Espantajopo……… que se va a hacer…. ¿Tiene bollo de angelito?

No niña, tampoco, esos los encargó el niño Alejandro y se llevó todos los que tenía dizque para una convención de Opus Dei…..

¡Anus doy! Como decía alguien………

¿Cómo dijo niña?

Nada señora Concha, que me de dos de sus arepas, así sea con un solo huevo. Ah, bueno niña, siéntese allá en esa mesa que ya se las preparo…..

Buenos días señora Concha, que alegría tenerla de nuevo por aquí, ¿como esta? Buenos días don Juan, ¿cómo están usted y la niña Margot?

Muy bien doña Concha, por allá se quedó unos días más en San Bernardo del Viento, dígame, ¿tiene arepas?

Si señó, de las que a usté le gustan, con su bollo de mazorca y unos patacones con queso que están bien chéveres.

¿Me encima un juguito de corozo?

¡Ni mas faltaba! Usté sabe que aquí no peleamos con el cuarto podé.

Déjese de vainas doña Concha…… oiga, ¿esa que esta allá no es la doctora Marta Lucia?

La misma, venia por unas arepas con tres huevos y unos bollos de angelito, pero le madrugaron…….

Me imagino……… es que cuando uno cree que todo está arreglado, alguien siempre le sale adelante…..

Esa era pelea de tigre con burro amarrao. Y hablando de burro, ¿Cómo le pareció la última de Nicolás?

¡Terrible don Juan! Que ajusticiamiento tan tremendo, no hay derecho para tanta crueldá, ajusticiá a esos pobres muchachos cuando ya se habían rendío, igualitico a lo que hacían esos bandidos de las farc con mis muchachos. ¡No hay derecho!

Así es doña Concha, vamos a ver si de alguna parte sale la justicia y terminan con eso.

Esperemos que así sea……. Ve niña, coge ese chócoro que está ahí y voltiame esas arepas que se van

a quemá.

Hablando de voltear arepas doña Concha, ¿si se enteró de la última puñalada trapera de la política colombiana?

¿Otra vez el doctó Roy?

Nooo, doña Concha, el doctor Cesar, en plena tarima publica se la volteó al doctor Juan Manuel y ya se imaginará usted…..

¡Increíble! Y ellos que eran tan buenos amigos, la última vez que estuvieron por aquí en campaña, yo les lleve varias pedidos de fritos a la Casa de Huéspedes Ilustres…..

¿Y estaban solos?

Nooooo, ahí estaban unos políticos importantes de Córdoba, el doctor Juan Fernando, el doctor Aurelio, el doctor Andrade y otros más. Yo nunca había visto a nadie comer arepa de huevo y bollo limpio con mermelá de esa manera tan exagerá, parecía que se les iba a acabá y cada uno tenía un galón de mermelá al lao de la silla.

¿Y el doctor Cesar comió mucho?

¿Qué si comió? Pa´ que le cuento…. ¿Mermelá? Bastante, aunque a mí me parece que a él le gusta más

el huevo que la arepa.

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Raro eso doña Concha, yo pensaba lo contrario…….

De tos modos don Juan, no solo de mermelá vive el político, también de contratos, puestos y de vez en cuando de firmá sin leer, como el niño Simón.

¡Ni me lo recuerde doña Concha!

Ve niña, llevale estas arepas a la doctora Marta Lucia, que por la cara que tiene, como que la dejó el bus……

¿La rutina?

No, el de la victoria…….. Aquí tiene don Juan, su encargo pa´ llevar, que vuelva pronto.

Muchas gracias doña Concha, vamos a ver como salen las cosas en este país después del 11 de marzo, de pronto me censuran las columnas y me quedo sin trabajo.

Pues nos quedaremos sin trabajo los dos, porque a mí, que me digan doña Concha, señora Concha, Concha o Conchita, pero “camarada Concha”….. ¡Mandan huevo!

Esperemos que no, doña Concha, pero con todo lo que se oye en los medios, en las redes sociales y con todo lo que hemos visto en los países vecinos y últimamente aquí, ya uno no sabe a qué atenerse.

Esperemos a ver…… Buen viento y buena mar don Juan.

Gracias doña Concha…

Bueno niña, ya vendimos 201 arepas con esta, ojalá sigamos así.

CYBER-POEMA

Por CF(ra) Carlos Enrique Ortiz Rangel / NA 75-032

Muchas veces navegando, se retoman singladuras de los años trasegando, sobre olas maniobrando cuando puertos visitados, van personas recordando cuando todos en distancia, quieren vernos en retorno mucha y grande la insistencia

poca y baja resistencia

retomar los rumbos idos, cuando abordo todos zarpan a llevar las experiencias, de las tulas Marineras

del equipo siempre presto, de los cuentos ya vividos a zarpar ya nuevamente, a volver a estar ya siempre.

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ZAFARRANCHO GRAFICO

50 ANIVERSARIO CURSO IM 01 - PROMOCIÓN XXXIX ESCUELA NAVAL

Crucero a bordo del ARC Almirante Padilla – verano de 1967

Ceremonia de graduación: graduandos y su respectiva madrina - Diciembre 6 de 1967

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